Transgénicos: crítica a una ciencia indolente

Son tiempos difíciles para la ciencia. Las pseudociencias mercantilizadas inundan las farmacias, los escaparates, los catálogos. La gente no se preocupa por investigar lo que está comprando y todo vale en el mundo de la publicidad: productos milagrosos, homeopatía, ecobolas, pulseras powerbalance… La divulgación científica no es valorada y los amantes de las pseudociencias New Age se cuelan en los espacios científicos, públicos o privados. Gracias a Internet y al inestimable trabajo desinteresado de cientos de profesores, estudiantes y gente que se dedica a la divulgación científica, el acceso a la ciencia está cada día un poco más al alcance de todos. Un gran número de blogs denuncian estos productos y los entramados que aprovechan la ignorancia para hacer negocio. Podría enumerar cientos de blogs y espacios donde se promueve un enfoque escéptico ante las pseudociencias y las conspiraciones trasnochadas con datos serios y método científico. Soy seguidor de muchos de ellos.

Sin embargo, hoy quiero hablar de la ciencia en sí. De la ciencia que tenemos, de la que podríamos tener y de las diferentes ciencias posibles. La ciencia es ciencia por su método pero no por su objeto. Algunos de estos defensores de la ciencia parecen olvidarse de que la ciencia es un elemento social unido a diferentes aspectos filosóficos, económicos y humanos. Este aspecto, olvidado por muchos, hace que se encumbre la ciencia como fin en sí mismo sin pararse a analizar los objetivos y las consecuencias de la misma. El indigenasimaginario occidental ha elevado el productivismo económico y la tecnología al más elevado de los altares. El productivismo de la modernidad, ha dado paso a un nuevo productivismo postmoderno en el que los científicos no tienen ya porqué plantearse en qué ámbito trabajan ni las razones por las que cayeron en este campo. Mantienen la idea de que el fin de los males de la humanidad es el desarrollo de la tecnología y el aumento de la productividad. La ciencia es buena en sí, da igual todo lo demás, deificando la ciencia “imparcial” y olvidando el contexto en el que ésta se desarrolla. Defienden la ciencia que hacen cada día, sin más. La consideran una ciencia por encima de lo humano, por encima de lo económico, del bien y del mal. Es ciencia porque sigue el método científico, por tanto, es ciencia a defender. No suelen pararse a pensar por qué hay tantos científicos en unos sectores y tan pocos en otros. ¿Los científicos eligen ellos su línea de investigación? Se invierte en unas ciencias y en otras no. ¿Quién decide las prioridades de financiación en el ámbito público y privado y con qué objetivos? Sin financiación y sin beneficios, no hay ciencia en campos tan rentables como la agricultura. Es esta ciencia indolente, asocial y erróneamente deificada, la que dedica más fondos para investigar el tratamiento de la calvicie que para la vacuna de la malaria. Aunque algunos se empeñen en negarlo, el sector público no se salva de estos intereses.

Un buen ejemplo de esta ciencia indolente, es el de José Miguel Mulet Salort, un investigador en ingeniería genética, respetado en los blogs de divulgación científica en España, que tiene una cruzada abierta contra la agricultura ecológica y en favor de los alimentos transgénicos y su investigación. Es el autor del libro Los alimentos naturales vaya timo. JM Mulet dedica buena parte de su tiempo a desprestigiar, con un lenguaje de dudoso gusto, a organizaciones de todo tipo que se movilicen en contra del desarrollo de los transgénicos o a favor de la agricultura ecológica o tradicional. No se le oirá entrar en muchos análisis económicos o sociales. Todos sus razonamientos son científicos y, por tanto, definitivos. Este enfoque puramente productivista y etnocéntrico ha marcado la filosofía, la política y la economía de los países capitalistas y también de los países del llamado socialismo real. Es un enfoque todavía asumido en occidente y es justamente el que ha servido para la exclusión de millones de personas del sur durante el siglo XX.

Partidarios y detractores de los transgénicos se centran una y otra vez en las discusiones a nivel micro sobre casos y efectos sobre la biodiversidad, sobre la salud humana, el consumo etc. Creo que es un debate interesante pero que hace que se pierda la perspectiva sobre lo que realmente importa. Y esa es justamente la pregunta. ¿Qué es lo que realmente importa y a quién le importa? Como bien analiza Boaventura de Sousa Santos en su Crítica a la razón indolente, la ciencia occidental debe replantearse desde su origen y debe estar marcada por un claro principio de precaución a todos los niveles. No solamente precaución ambiental, sino precaución social, política y económica, teniendo en cuenta el sentir de los pueblos del sur, siempre excluidos por la historia y que no tienen ni voz ni medios para hacerse oír y marcar sus prioridades. Los resultados sociales de la ciencia productivista impulsada por el colonialismo en el sur son desastrosos. Pero hay quien quiere prefiere seguir pensando sólo a través de nuevos avances científicos van a conseguir un mundo mejor. ¿Mejor para qué? ¿Qué es mejor para quién? Estos investigadores de la ingeniería genética  jamás se meten en analizar los efectos sociales del desarrollo productivista de los transgénicos, prefieren repetir la santa verdad de que las mejoras productivas de las especies son buenas, y ya está. Da igual quién impone estas “mejoras” en el sur o en la zonas rurales. El contexto político y económico, y que “los mercados” y las empresas sean las que han conseguido en las últimas décadas el poder de imponer a los agricultores de todo el mundo sus criterios y su forma de producir a través de acuerdos comerciales internacionales, no parece ser un dato a tener en cuenta para con el desarrollo científico.  Los argumentos repetidos ad hominem han sido asumidos por buena parte de los científicos indolentes de occidente: la selección antrópica tampoco es natural, los químicos son naturales, lo natural no existe, lo natural es todo, no hay evidencias…  Pero todo por la producción tal y como viene marcada. Eso es un bien incuestionable. ¿La producción de qué y para qué? Se tiene muy claro qué es lo que los países colonizados deben hacer para su “buen” desarrollo. Su análisis se reduce al productivismo puro y duro e insisten en que las mejoras genéticas de las especies pueden salvar al mundo. ¿Salvarlo de quién?

El productivismo lleva fracasando más de un siglo en la lucha contra el hambre y ha sido el principal motor de la exclusión social en el sur. Allá donde llegaron nuestras grandes ideas occidentales de desarrollo, neutrales, científicas y universales, es donde las los excluidos perdieron más. Pero lo peor que perdieron fue la voz. Da igual cómo quieran producir en el sur, nosotros tenemos la clave porque es científica y no puede haber discusión. Sobre todo ahora que los precios son globales: todo por la producción pero sin el productor. Qué más da su opinión si nosotros, que tenemos la ciencia, ya pensamos por ellos. ¿Y si ellos prefirieran que la ciencia investigara otros aspectos y no el aumento de la productividad de las especies que marca el mercado global? Si las mejoras productivas no han servido para acabar con los problemas de la gente del sur, ¿Por qué los ingeniron genéticos se apuntan al lobby político-social productivista? Ellos suelen explicar que sus opiniones contribuyen al progreso de la ciencia. Sin embargo, en el mundo capitalista en el que vivimos, no hace falta mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciencia no existe en sí misma desligada de los intereses mercantilistas y de las empresas que sacan rentabilidad de estos estudios. Son estas empresas, con Monsanto a la cabeza, las que han conseguido marcar la agenda de desarrollo de los campesinos y campesinas del sur. El señor Mulet, que se considera de izquierdas, se desliga del gran capital con una escueta crítica sobre las patentes, defendiendo que la ciencia es independiente y que se pueden liberar las patentes como se ha hecho en algunos casos. Profundo análisis global éste, que no tiene en cuenta los datos de la situación social “real” de los países en los que el desarrollo de los transgénicos ha creado una verdadera catástrofe social, pero eso no es ciencia, son “daños colaterales” y prefieren ir a lo micro para su análisis científico pero a lo macro para desprestigiar a todas las organizaciones que defienden otro modelo productivo. Este desfase entre el objeto de su ciencia y la ira global de sus ataques, es la clave de su absurdo. No los argumentos científicos que utilicen para hacerlo.

Para ellos la ciencia es ciencia. Y querer frenar el desarrollo de los transgénicos es anti-científico. Es ideología, vaya, y no tiene nada que ver con su trabajo. La ciencia debe ser libre a desarrollarse en su caótico porvenir. ¿Es tan caótico y espontáneo este desarrollo? Al fin y al cabo el señor Mulet es eso. Un capitalista de “izquierdas” que analiza sus datos en su despacho sin mezclarse con agricultores negros o indígenas, más que cuando coincide con alguno en una conferencia internacional. Qué casualidad, también estos “representantes” del sur, creen que se puede arreglar el mundo a través de los transgénicos. Esos representantes a los que la “mano invisible” les fleta aviones para que puedan ir a grandes conferencias internacionales…

mujeresAl mismo tiempo se dedican a criticar la agricultura ecológica y tradicional con el sencillo argumento de que produce menos. El señor Mulet no termina de entender el por qué la FAO y la ONU impulsan la agricultura ecológica y tradicional porque produce menos y con eso está todo dicho. No sé cómo se explicará el señor Mulet que la organización más grande jamás creada, la Vía Campesina, que representa a más de 500 millones de campesinos y campesinas del mundo y en la que por fin tienen voz los excluidos, defienda la agricultura tradicional y ecológica. ¿Les habrán convencido los enviados de la pseudociencia? ¿Las malvadas ONG’s ecologistas habrán sido capaces de comer el coco a 500 millones de personas? No. Son los olvidados, los sin voz, los excluidos a los que nadie preguntó qué querían hacer con sus vidas. Esa gente que ellos piensan que no saben lo que realmente quieren, esos que están equivocados. Esa gente “subdesarrollada” de la que tanto tiempo se lleva hablando en universidades occidentales para encontrarles un camino y una solución.

Estos 500 millones de campesinos que son despreciados por el lobby transgenetista cada día con sus enfoques, están hartos de las vidas que les vendemos. Se están organizando y luchan contra el productivismo que les es impuesto y contra los tránsgénicos. No luchan contra la ciencia, luchan contra los que les dicen desde sus púlpitos cual debe ser su ciencia y cómo deben desarrollarse, contra los que imponen una forma de entender el mundo. Lo que deben ser y lo que tiene que ser importante para ellos. Están hartos de gente como el señor Mulet que llevan hablando de productividad demasiado tiempo desde sus despachos y que fijan sus críticas sobre los que les defienden.

Este es el verdadero peligro de los científicos indolentes. Son los nuevos Fukuyama de la postmodernidad científica. La ideología ha muerto y nos queda lo único en lo que estaban de acuerdo la OTAN y el pacto de Varsovia: el productivismo. Esta no es mi ciencia, es la ciencia indolente de los sabios de occidente que, no serán unos “magufos”, pero sustentan, algunas veces sin saberlo, la barbarie en el mundo y centran sus críticas sobre organizaciones que, con mejores o peores argumentos, luchan por defender a los excluidos. Si su objetivo es ayudar al sur, ya han fracasado de antemano.

Afortunadamente, se están levantando los que nunca tuvieron voz para contarnos lo que son y lo que quieren. Se están organizando. Son ese ente oscuro y desconocido que no entendemos en Europa. Esa gente rara que a veces prefiere “producir” menos. La ciencia que yo defiendo es la ciencia puesta al servicio de los intereses de las personas, de los diferentes intereses que muchos científicos no entienden. De los diversos mundos que quieren existir y no les dejamos. Los problemas del sur no van a arreglarse con la ciencia que los Mulets representan, entre otras cosas, porque seguimos sin escuchar a la gente del sur para saber cuáles son sus problemas.  Quinientos millones de campesinos están deseando explicarles por qué prefieren la agricultura tradicional y ecológica a la agricultura productivista que estos científicos defienden. Una agricultura científica que bien da de comer. Escuchémosles. 

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  1. #1 por Mauricio-José Schwarz el febrero 18, 2013 - 10:09 pm

    Siempre deja un sabor amargo que alguien, desde la opulenta Europa, alguien que no vive cotidianamente las desgracias de los desposeídos, alguien que conoce el apetito pero no el hambre, alguien que tiene sanidad y puede comprar los costosos productos “orgánicos” con los que se lavan conciencias occidentales, venga a decirnos lo que los indígenas quieren y deben hacer. El postcolonialismo colonialista con el mismo paternalismo de Las Casas (y resultados similares).

    Así que los indígenas quieren ser pobres, quieren tener hambre, es más, nos dice, los indígenas y los pobres del mundo conocen perfectamente los pros y los contras de las distintas prácticas agrícolas que están a su disposición y han elegido libremente, libérrimamente, la agricultura de subsistencia, la miseria, al chamán por encima del médico, a la tradición más salvaje (ponga usted la mutilación del clítoris en África o la exhibición de la sábana ensangrentada entre los indígenas oaxaqueños donde aún se mata a la novia no virgen) por encima del conocimiento científico. No es necesario preguntar al indio si quiere escuela, ésa es una invención malévola del blanco y este blanco se opondrá a ella valerosamente. La ignorancia del indígena es preciosa para la solidaridad que no hace más que eternizar las condiciones en las que están quienes todo necesitan y a quienes no se les deja elegir, no sea que no resulten como quiere el blanco solidario que se toma un café de comercio justo en Bilbao y se siente bueno, tan bueno que se enternece.

    ¿Cómo se atreve José Miguel Mulet a revelar que son mentira las historias de miedo y peligros horribles que les han contado a los indios, por su bien, sus salvadores? ¿Cómo se atreve Ingo Potrykus a crear un arroz que evite la muerte de millones de niños y la ceguera de muchos más en Asia por avitaminosis A? ¿No se dan cuenta de la suerte que tienen de que durante 12 años Greenpeace haya conseguido impedir que llegue a ellos ese betacaroteno considerado “impuro” y ha conseguido que sigan muriendo y perdiendo la vista, y además diciendo que lo deciden ellos, 500 millones por los que hablan los despachos de Nueva York y los bares cucos de las capitales Europeas? ¿Qué pasará si dejamos que los indios sepan la verdad?

    Sólo espero que esos desposeídos, esos indígenas (como se les llama, siempre en una definición preilustrada y condescendiente) les pase algún día la factura no sólo a sus opresores, sino también a sus salvadores.

  2. #2 por Pablo Sánchez (@Pablunchu) el febrero 19, 2013 - 8:51 am

    No estoy del todo de acuerdo contigo: si bien es cierto que la impulsora de la investigación en muchos casos es la productividad económica, no es cierto que no se hagan desarrollos de otros tipos: yo investigo en enfermedades raras, mi vecino en antivenenos de serpientes; lo mío no hará rico a nadie, lo suyo no afecta directamente al “norte”.

    En cuanto a los transgénicos, olvidas todos los relacionados con evitar el uso de pesticidas de amplio espectro, dañinos también para el hombre, por otros más específicos. El arroz dorado, la mejora de propiedades nutricionales… no todo es producir más.

    En cuanto a que se obliga a los agricultores, creo que si los agricultores acaban comprando semilla transgénica (y que conste, no apruebo las políticas “policiales” de Monsanto ni muchas otras cosas de la multinacional) será porque les renta más.

    Respecto a los 500 millones de personas, el hecho de que mucha gente piense lo mismo no significa que tengan razón.

    Yo ni he estado en el “sur” ni soy un experto en el tema, pero aparte de criticar las políticas actuales no he visto que propongas una alternativa mejor

  3. #3 por @rexposito el febrero 19, 2013 - 8:53 am

    Si eres coherente con lo que comentas al principio, te darás cuenta que la tecnología en sí misma no es culpable de ninguno de los problemas que comentas, tiene culpa la tecnología atómica de la bomba nuclear??. Y dejen ya de usar argumentos típicos y populistas de “la voz del pueblo”… crees que un cirujano le preguntaría a su paciente antes de operarlo qué técnica le gusta más??

  4. #4 por Admin el febrero 19, 2013 - 11:47 am

    Hola Pablo, de acuerdo con tus dos primeros párrafos. Sin embargo el problema como siempre está en las últimas ideas que dices. Y esa es la idea que hay que tener clara. La agricultura, entra a formar parte de las negociaciones comerciales internacionales en el transcurso de la Ronda Uruguay del GATT, que se inician en 1986 a petición de los países del Norte. Los países del Norte proclaman, la necesidad de liberalizar el sector. Pero durante su vigencia, estas políticas han supuesto la generación de cuantiosos excedentes agrícolas en los países del Norte que luego se han colocado en los mercados internacionales a precios bajísimos dificultando la expansión de la producción y exportación de productos agrícolas por parte de las economías del Sur, minando así su potencial ventaja comparativa en el sector.
    A pesar de estas circunstancias la Ronda Uruguay concluyó con un acuerdo global que incluía, entre otros, una reducción progresiva de las barreras comerciales en la agricultura y que se materializó en el llamado Acuerdo sobre Agricultura. Esto es lo que hay que tener muy en cuenta cuando hlabamos de precios y de compras de semillas como tú haces. Hasta el año 86 los agricultores producian principalmente para mercados locales y nacionales. Hoy en día los mercados del sur están inundados de productos importados a un precio más bajo del que podrían sacar ellos. Monsanto fue un lobby importante durante la ronda de Uruguay. Es muy sencillo decir ahora que les renta más comprar semillas de Monsanto, curiosamente para productos que muchas veces tienen sólo salida en el mercado global (exportaciones). Es una forma de control sobre la producción del sur desde el norte que comenzó en 1986.

    El que se dedique a la genética, y con esto contesto a @rexposito, me parece muy bien, pero la cuestión agrícola es mucho más compleja, sobre todo en estos tiempos que está globalizada porque toca un derecho humano que es vulnerado cada día para miles de personas. Las alternativas que se proponen son diversas y puedes encontrarlas en http://viacampesina.org/es/ pero están centradas en la Soberanía Alimentaria: potenciar los mercados locales y no internacionales. En proteger, los usos tradicionales del suelo y en propiciar reformas agrarias en los países que den acceso a la tierra a los campesinos y se regulen los mercados como antes de 1986 y como, curiosamente hacen EEUU y la UE.

    Mientras sigamos llamando “populistas”, o gente que “no tienen razón” a los campesinos que han sufrido las políticas internacionales impulsadas desde el norte y desde las multinacionales mal vamos…

    “crees que un cirujano le preguntaría a su paciente antes de operarlo qué técnica le gusta más??” Es el enfoque que desde la escuela de Chicago, los economistas del FMI y del BM llevan aplicando en los países del sur como si un tema como los mercados globales y locales de los alimentos fueran una ciencia absoluta. Este efoque no solo es neocolonialista sino que ha sido un gran fracaso….

  5. #5 por Bermundo el febrero 19, 2013 - 1:30 pm

    Puedo percibir que nunca has estado en el campo, ni mucho menos en un laboratorio de ingenieria genetica. Lo que escribes es de oidas.

  6. #6 por @rexposito el febrero 19, 2013 - 1:58 pm

    Un campesino que nunca ha tratado con transgénicos y que apenas tiene una mínima formación es presa fácil de la manipulación. Los agricultores profesionales que sin ser expertos en el tema, al menos han probado la utilidad de los transgénicos, rara vez cambian de cultivo, a no ser que se mejore la especie o que el propio transgénico usado sea menos productivo que las variedades tradiconales por cualquier factor ambiental. El problema de la soberanía alimentaria básicamente es un problema con la propiedad de las tierras. Nadie se opondría a que en un país subdesarrollado hubieran coches, es eso una dictadura del norte?, pues con esta tecnología es lo mismo, sólo se pueden defender métodos tradicionales cuando sean más productivos, de lo contrario seremos unos idealistas irresponsables y muy poco empáticos, que preferimos que la gente se mate trabajando con cosechas pobres a cambio de un ideal de naturaleza sabia.

  7. #7 por miguel el febrero 19, 2013 - 3:14 pm

    las tres criticas (pablo, bermudo,rexposito) no comprenden el argumento central: personas q en nombre de la ciencia creen estar en un mundo de la verdad universal, objetiva, neutra, irrefutable (todo al servicio de multinacionales cuyo interes inmediato es lucrar con monopolizacion de la produccion de alimentos, no producir comida ni solucionar el hambre etc…) Asi la ciencia moderna fragmentada, excluyente de cuestiones eticas, reduccionista, y derechamente ignorante, pretende CONOCER mucho (sobre sus hiper-hiper-especialidades) pero COMPRENDE poco sobre todo lo que ella implica a nivel ecologico, social, economico, politico…

  8. #8 por Bermundo el febrero 19, 2013 - 4:16 pm

    @Miguel, los transgenicos NO son sinonimo de Monsanto y otras transnacionales. Te invito a que visites instituciones que realizan investigacion en transgenicos (Cinvestav, IBT-UNAM) para entender mejor el problema. La Ciencia (con mayuscula), no se fragmenta, ni excluye, ni reduce…es la intencion del hombre.

  9. #9 por Admin el febrero 19, 2013 - 4:31 pm

    Bermundo, lo que se está criticando aquí es la obsesión de muchos científicos por criticar la agricultura ecológica y desprestigiar a todos los que la defienden. No se vaya usted del hilo… muchos científicos, como el señor Mulet tildan de pseudocientífica o acientífica cada día un tipo de agricultura que a ellos no les gusta. Eso es hacer lobby de la mano de Monsanto al fin y al cabo.

  10. #10 por Clavileno el febrero 19, 2013 - 8:27 pm

    Interesante artículo. Ciertamente toca algunos puntos sensibles que comparto pero a su vez, también hace determinados comentarios (y los hace de un modo) que no comparto en absoluto. Es un tema complejo en el que, como en todos, no caben las posturas extremas. Particularmente, en principio, no me declaro “antitrasgénico”. Entiendo que la genética aplicada a la agricultura puede aportar cosas muy positivas para la humanidad. No sólo en cuanto a la productividad como se menciona en el artículo sino también respecto de otros factores como las propiedades nutricionales o aplicaciones médicas. Por otro lado habrá que tener mucho cuidado con los abusos que determinados sectores puedan hacer de ello. Resulta intrigante cuando los avances científicos parecen orientados a los ciudadanos con bajo poder adquisitivo mientras los ricos se decantan cada vez más por consumir los dichoso productos “ecológicos”, esto es, cultivados de forma tradicional. Se hace raro eso de que el “avance” vaya primero a los pobres… Lo dicho, un tema delicado pero que requiere discusión. Yo me apunto!

  11. #11 por miguel el febrero 19, 2013 - 10:26 pm

    buenas. hola bermudo, comprendo que no todos quienes realizan ingenieria genetica son empresas para sus consecuentes negociados. Con fragmentar, excluir no me referia solo en terminos sociales, sino al mismo metodo cientifico moderno basado en en descomponer el objeto a conocer en cuantas partes sea posible para asi ahondar en su funcionar (Rene Descartes, racionalismo…). Por ende, comprenden parcialidades, por separado, ese es el fragmentar que me refiero. En la actualidad hay nuevos enfoques que buscan un comprender mas sistemico, mas holistico, sin caer en la pseudociencia. teoria de sistemas, teoria de red, paradigmas de la complejidad etc… lamentablemente estos enfoques no estan siempre presentes y tienen mucho q aportar. saludos

  12. #12 por Izaro el febrero 20, 2013 - 7:38 am

    Hola Iñaki,
    Me ha encantado el artículo! Comparto tu opinión respecto a los transgénicos y la propuesta de debate sobre “Qué es lo que realmente importa y a quién le importa?”
    Los avances de la ciencia están muy bien pero hay que ver realmente hacia quién están orientados, quién paga las investigación y qué modelo de desarrollo tienen detrás.

    Un saludo!

  13. #13 por Admin el febrero 20, 2013 - 6:38 pm

    #1 Este argumento es el mismo que utilizan los neoliberales para explicar porqué la economía del bien producir y bien consumir es más científica que la economía del bien vivir.

    Es un gran muñeco de paja.

  14. #14 por Sciencuriosities! el marzo 23, 2013 - 10:28 am

    En realidad, yo pienso que los alimentos transgénicos son un gran avance y pueden aportar mucho a la humanidad, tanto en salud como en economía. El problema deriva cuando, como siempre, se pretende únicamente hacer negocio con esto, en lugar de desarrollar el potencial que de verdad tienen.
    Aquí dejo una web en la que aparecen ventajas e inconvenientes de los transgénicos.

    http://sciencuriosities.bligoo.com/content/view/5755216/Conoce-lo-que-comes.html

  15. #15 por nico el febrero 10, 2014 - 9:01 pm

    ami me agrada esto

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