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Transgénicos: crítica a una ciencia indolente

Son tiempos difíciles para la ciencia. Las pseudociencias mercantilizadas inundan las farmacias, los escaparates, los catálogos. La gente no se preocupa por investigar lo que está comprando y todo vale en el mundo de la publicidad: productos milagrosos, homeopatía, ecobolas, pulseras powerbalance… La divulgación científica no es valorada y los amantes de las pseudociencias New Age se cuelan en los espacios científicos, públicos o privados. Gracias a Internet y al inestimable trabajo desinteresado de cientos de profesores, estudiantes y gente que se dedica a la divulgación científica, el acceso a la ciencia está cada día un poco más al alcance de todos. Un gran número de blogs denuncian estos productos y los entramados que aprovechan la ignorancia para hacer negocio. Podría enumerar cientos de blogs y espacios donde se promueve un enfoque escéptico ante las pseudociencias y las conspiraciones trasnochadas con datos serios y método científico. Soy seguidor de muchos de ellos.

Sin embargo, hoy quiero hablar de la ciencia en sí. De la ciencia que tenemos, de la que podríamos tener y de las diferentes ciencias posibles. La ciencia es ciencia por su método pero no por su objeto. Algunos de estos defensores de la ciencia parecen olvidarse de que la ciencia es un elemento social unido a diferentes aspectos filosóficos, económicos y humanos. Este aspecto, olvidado por muchos, hace que se encumbre la ciencia como fin en sí mismo sin pararse a analizar los objetivos y las consecuencias de la misma. El indigenasimaginario occidental ha elevado el productivismo económico y la tecnología al más elevado de los altares. El productivismo de la modernidad, ha dado paso a un nuevo productivismo postmoderno en el que los científicos no tienen ya porqué plantearse en qué ámbito trabajan ni las razones por las que cayeron en este campo. Mantienen la idea de que el fin de los males de la humanidad es el desarrollo de la tecnología y el aumento de la productividad. La ciencia es buena en sí, da igual todo lo demás, deificando la ciencia “imparcial” y olvidando el contexto en el que ésta se desarrolla. Defienden la ciencia que hacen cada día, sin más. La consideran una ciencia por encima de lo humano, por encima de lo económico, del bien y del mal. Es ciencia porque sigue el método científico, por tanto, es ciencia a defender. No suelen pararse a pensar por qué hay tantos científicos en unos sectores y tan pocos en otros. ¿Los científicos eligen ellos su línea de investigación? Se invierte en unas ciencias y en otras no. ¿Quién decide las prioridades de financiación en el ámbito público y privado y con qué objetivos? Sin financiación y sin beneficios, no hay ciencia en campos tan rentables como la agricultura. Es esta ciencia indolente, asocial y erróneamente deificada, la que dedica más fondos para investigar el tratamiento de la calvicie que para la vacuna de la malaria. Aunque algunos se empeñen en negarlo, el sector público no se salva de estos intereses.

Un buen ejemplo de esta ciencia indolente, es el de José Miguel Mulet Salort, un investigador en ingeniería genética, respetado en los blogs de divulgación científica en España, que tiene una cruzada abierta contra la agricultura ecológica y en favor de los alimentos transgénicos y su investigación. Es el autor del libro Los alimentos naturales vaya timo. JM Mulet dedica buena parte de su tiempo a desprestigiar, con un lenguaje de dudoso gusto, a organizaciones de todo tipo que se movilicen en contra del desarrollo de los transgénicos o a favor de la agricultura ecológica o tradicional. No se le oirá entrar en muchos análisis económicos o sociales. Todos sus razonamientos son científicos y, por tanto, definitivos. Este enfoque puramente productivista y etnocéntrico ha marcado la filosofía, la política y la economía de los países capitalistas y también de los países del llamado socialismo real. Es un enfoque todavía asumido en occidente y es justamente el que ha servido para la exclusión de millones de personas del sur durante el siglo XX.

Partidarios y detractores de los transgénicos se centran una y otra vez en las discusiones a nivel micro sobre casos y efectos sobre la biodiversidad, sobre la salud humana, el consumo etc. Creo que es un debate interesante pero que hace que se pierda la perspectiva sobre lo que realmente importa. Y esa es justamente la pregunta. ¿Qué es lo que realmente importa y a quién le importa? Como bien analiza Boaventura de Sousa Santos en su Crítica a la razón indolente, la ciencia occidental debe replantearse desde su origen y debe estar marcada por un claro principio de precaución a todos los niveles. No solamente precaución ambiental, sino precaución social, política y económica, teniendo en cuenta el sentir de los pueblos del sur, siempre excluidos por la historia y que no tienen ni voz ni medios para hacerse oír y marcar sus prioridades. Los resultados sociales de la ciencia productivista impulsada por el colonialismo en el sur son desastrosos. Pero hay quien quiere prefiere seguir pensando sólo a través de nuevos avances científicos van a conseguir un mundo mejor. ¿Mejor para qué? ¿Qué es mejor para quién? Estos investigadores de la ingeniería genética  jamás se meten en analizar los efectos sociales del desarrollo productivista de los transgénicos, prefieren repetir la santa verdad de que las mejoras productivas de las especies son buenas, y ya está. Da igual quién impone estas “mejoras” en el sur o en la zonas rurales. El contexto político y económico, y que “los mercados” y las empresas sean las que han conseguido en las últimas décadas el poder de imponer a los agricultores de todo el mundo sus criterios y su forma de producir a través de acuerdos comerciales internacionales, no parece ser un dato a tener en cuenta para con el desarrollo científico.  Los argumentos repetidos ad hominem han sido asumidos por buena parte de los científicos indolentes de occidente: la selección antrópica tampoco es natural, los químicos son naturales, lo natural no existe, lo natural es todo, no hay evidencias…  Pero todo por la producción tal y como viene marcada. Eso es un bien incuestionable. ¿La producción de qué y para qué? Se tiene muy claro qué es lo que los países colonizados deben hacer para su “buen” desarrollo. Su análisis se reduce al productivismo puro y duro e insisten en que las mejoras genéticas de las especies pueden salvar al mundo. ¿Salvarlo de quién?

El productivismo lleva fracasando más de un siglo en la lucha contra el hambre y ha sido el principal motor de la exclusión social en el sur. Allá donde llegaron nuestras grandes ideas occidentales de desarrollo, neutrales, científicas y universales, es donde las los excluidos perdieron más. Pero lo peor que perdieron fue la voz. Da igual cómo quieran producir en el sur, nosotros tenemos la clave porque es científica y no puede haber discusión. Sobre todo ahora que los precios son globales: todo por la producción pero sin el productor. Qué más da su opinión si nosotros, que tenemos la ciencia, ya pensamos por ellos. ¿Y si ellos prefirieran que la ciencia investigara otros aspectos y no el aumento de la productividad de las especies que marca el mercado global? Si las mejoras productivas no han servido para acabar con los problemas de la gente del sur, ¿Por qué los ingeniron genéticos se apuntan al lobby político-social productivista? Ellos suelen explicar que sus opiniones contribuyen al progreso de la ciencia. Sin embargo, en el mundo capitalista en el que vivimos, no hace falta mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciencia no existe en sí misma desligada de los intereses mercantilistas y de las empresas que sacan rentabilidad de estos estudios. Son estas empresas, con Monsanto a la cabeza, las que han conseguido marcar la agenda de desarrollo de los campesinos y campesinas del sur. El señor Mulet, que se considera de izquierdas, se desliga del gran capital con una escueta crítica sobre las patentes, defendiendo que la ciencia es independiente y que se pueden liberar las patentes como se ha hecho en algunos casos. Profundo análisis global éste, que no tiene en cuenta los datos de la situación social “real” de los países en los que el desarrollo de los transgénicos ha creado una verdadera catástrofe social, pero eso no es ciencia, son “daños colaterales” y prefieren ir a lo micro para su análisis científico pero a lo macro para desprestigiar a todas las organizaciones que defienden otro modelo productivo. Este desfase entre el objeto de su ciencia y la ira global de sus ataques, es la clave de su absurdo. No los argumentos científicos que utilicen para hacerlo.

Para ellos la ciencia es ciencia. Y querer frenar el desarrollo de los transgénicos es anti-científico. Es ideología, vaya, y no tiene nada que ver con su trabajo. La ciencia debe ser libre a desarrollarse en su caótico porvenir. ¿Es tan caótico y espontáneo este desarrollo? Al fin y al cabo el señor Mulet es eso. Un capitalista de “izquierdas” que analiza sus datos en su despacho sin mezclarse con agricultores negros o indígenas, más que cuando coincide con alguno en una conferencia internacional. Qué casualidad, también estos “representantes” del sur, creen que se puede arreglar el mundo a través de los transgénicos. Esos representantes a los que la “mano invisible” les fleta aviones para que puedan ir a grandes conferencias internacionales…

mujeresAl mismo tiempo se dedican a criticar la agricultura ecológica y tradicional con el sencillo argumento de que produce menos. El señor Mulet no termina de entender el por qué la FAO y la ONU impulsan la agricultura ecológica y tradicional porque produce menos y con eso está todo dicho. No sé cómo se explicará el señor Mulet que la organización más grande jamás creada, la Vía Campesina, que representa a más de 500 millones de campesinos y campesinas del mundo y en la que por fin tienen voz los excluidos, defienda la agricultura tradicional y ecológica. ¿Les habrán convencido los enviados de la pseudociencia? ¿Las malvadas ONG’s ecologistas habrán sido capaces de comer el coco a 500 millones de personas? No. Son los olvidados, los sin voz, los excluidos a los que nadie preguntó qué querían hacer con sus vidas. Esa gente que ellos piensan que no saben lo que realmente quieren, esos que están equivocados. Esa gente “subdesarrollada” de la que tanto tiempo se lleva hablando en universidades occidentales para encontrarles un camino y una solución.

Estos 500 millones de campesinos que son despreciados por el lobby transgenetista cada día con sus enfoques, están hartos de las vidas que les vendemos. Se están organizando y luchan contra el productivismo que les es impuesto y contra los tránsgénicos. No luchan contra la ciencia, luchan contra los que les dicen desde sus púlpitos cual debe ser su ciencia y cómo deben desarrollarse, contra los que imponen una forma de entender el mundo. Lo que deben ser y lo que tiene que ser importante para ellos. Están hartos de gente como el señor Mulet que llevan hablando de productividad demasiado tiempo desde sus despachos y que fijan sus críticas sobre los que les defienden.

Este es el verdadero peligro de los científicos indolentes. Son los nuevos Fukuyama de la postmodernidad científica. La ideología ha muerto y nos queda lo único en lo que estaban de acuerdo la OTAN y el pacto de Varsovia: el productivismo. Esta no es mi ciencia, es la ciencia indolente de los sabios de occidente que, no serán unos “magufos”, pero sustentan, algunas veces sin saberlo, la barbarie en el mundo y centran sus críticas sobre organizaciones que, con mejores o peores argumentos, luchan por defender a los excluidos. Si su objetivo es ayudar al sur, ya han fracasado de antemano.

Afortunadamente, se están levantando los que nunca tuvieron voz para contarnos lo que son y lo que quieren. Se están organizando. Son ese ente oscuro y desconocido que no entendemos en Europa. Esa gente rara que a veces prefiere “producir” menos. La ciencia que yo defiendo es la ciencia puesta al servicio de los intereses de las personas, de los diferentes intereses que muchos científicos no entienden. De los diversos mundos que quieren existir y no les dejamos. Los problemas del sur no van a arreglarse con la ciencia que los Mulets representan, entre otras cosas, porque seguimos sin escuchar a la gente del sur para saber cuáles son sus problemas.  Quinientos millones de campesinos están deseando explicarles por qué prefieren la agricultura tradicional y ecológica a la agricultura productivista que estos científicos defienden. Una agricultura científica que bien da de comer. Escuchémosles. 

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Carta abierta a Jose Miguel Mulet Salort desde África

Señor J.M. Mulet.

Vengo leyendo sus artículos desde hace tiempo. He de reconocer que el título de su libro “Los productos naturales vaya timo” me llamó la atención y me dispuse a leer sus exposiciones con ganas de encontrarme con la lucha que muchos compartimos contra la pseudociencia. Tras varios suicidios homeopáticos y una fiel campaña contra las famosas ecobolas, hoy he decidido escribirle esta carta tras leer su artículo contra Veterinarios sin Fronteras.

Usted está aprovechando una red que lleva años creándose en internet en favor de la divulgación científica, como caballo de troya para introducir sus ideas neoliberales e interesadas. No es nuevo en esto. El problema es que además lo está haciendo con muy mal gusto, desprestigiando al que atente contra su forma sesgada de entender el mundo y aprovechando la repercusión que le dan los escasos canales de divulgación científica de los que disponemos. He de reconocer que me duele que sitios de internet que frecuento como cienciakanija den promoción a sus ideas. Hay pocos canales para la divulgación y los pocos que hay, usted los está utilizando despreciando a mucha gente.

Creo que tiene un problema estilístico a la hora de escribir en su blog o quizás piensa que un blog no merece ser riguroso como, yo si supongo, son sus estudios. Esto es justamente lo que debemos evitar para promover la divulgación científica. Usted ha comenzado una cruzada y parece que no tiene límite. Tras despotricar contra la nueva directora de Greenpeace habiendo leído tan sólo un artículo en Publico sobre ella, como usted reconoce, se permite dudar de si acabó sus estudios. Otras veces se centra en criticar a activistas que no han cursado estudios de ciencias sólo por este hecho. Me recuerda a cierto medio de comunicación que va a sacar esta portada mañana buscando sus víctimas de entre miles de  personas sólo para desprestigiar sin debate. El mismo estilo para defender finalmente las mismas ideas.

Comparto muchas de sus reflexiones con respecto a algunos temas pero creo que usted las plantea sólo para vender sus ideas políticas y desprestigiar a todos los que están en contra. Sus argumentos son siempre muy sencillos  y denotan una gran falta de conocimiento ecológico. Usted siempre toma la parte que le interesa y ahí mete la ciencia sin abordar los problemas globales por los que muchos luchamos desde un punto de vista probablemente más científico. A mi no me interesa si usted estudió ecología, disciplina científica que yo si cursé en la universidad. Sepa que además acabé la carrera por si pensaba ponerlo en duda. La falta de enfoque global se da con frecuencia en entre microbiólogos, al igual que entre microeconomistas, que son incapaces de levantar la mirada de su microscopio.

Sus argumentos habituales para desprestigiar organizaziones son los siguientes:

Los transgénicos. Los que nos consideramos científicos y luchamos contra el uso de los transgénicos que se está dando, lo hacemos desde un punto de vista global. Que las actividades promovidas por la mayor parte de empresas que patentan transgénicos, han perjudicado a los países empobrecidos sólo lo puede discutir gente como usted que no conoce lo que pasa fuera. Le animo a que se de un paseo por muchos países de África, Asia o América Latina, donde muchos trabajamos en desarrollo agrícola y con una importante formación en ecología y ecosistemas, para que lo incluya en sus análisis. Hay miles de estudios económicos sobre el impacto de los transgénicos en los países del sur. También se cuentan por miles los estudios científicos que alertan sobre el riesgo sobre la biodiversidad (1) . No pretendo que este post sea un debate sobre este punto pero no nos venda los transgénicos como la solución al hambre cuando a día de hoy se produce comida de sobra para toda la población y sin embargo muchos no comen.

Independencia. Otro de sus arietes contra los que no piensan como usted es poner en duda su independencia. Para ello no se dedica ha hacer un análisis sobre si las políticas de las organizaciones son afines a los posibles financiadores. Usted se reduce ha hablar de que reciben dinero público. Curiosamente pone como ejemplo a Veterinarios sin Fronteras, una ONG que destaca por criticar abiertamente las políticas de las instituciones que la financian cuando van en contra de los que menos tienen. Curiosamente la elige porque son una de las escasas voces que critican a lo que usted representa. Sin embargo no tiene reparo en colaborar con otras ONG’s que defienden los transgénicos. Ya le adelanto que no soy socio ni tengo ningún vínculo con Veterinarios sin Fronteras

Usted dice:  ¿Puedes seguir diciendo que eres independiente?¿serías capaz de hacer una campaña en contra de una administración o una empresa que te esté financiando? Veo que tampoco conoce mucho la historia de los movimientos sociales en este país. Argumentos sesgados. La gran mayoría de empresas y de organizaciones obtiene subvenciones. Con esta lógica, usted no debería de criticar los recortes en I+D puesto que es el Gobierno el que le da de comer. 

“Es decir, estamos poniendo el dinero de todos en sus manos para que lo gestionen ellos.” Sí, para que ejecuten programas de cooperación al desarrollo con una visión respaldada por las agencias internacionales de desarrollo. El enfoque y la visión política siguen siendo libres. No se olvide que usted está insultando a gente en su blog y su sueldo, al menos el de la Universidad de Valencia, también lo estoy pagando yo.

Dinero gestionado y transparencia. Un viejo argumento contra las ONG. Usted no tiene ni la menor idea de los procesos por los que pasamos para justificar cada céntimo gastado. Se pasan auditorías regularmente. ¿Por qué no escribe algo más serio sobre este punto y se queda siempre en la asociación rápida de ideas? No hace falta, es más fácil incluir un link sobre un escándalo de corrupción en ONG’s

Gran parte del dinero de campañas en el exterior también serán salarios, viajes y dietas”. Llevo casi dos años viviendo en Mauritania y prefiero no responder a tales apuntes. Desde que llegué aquí a trabajar por el desarrollo, no he pasado ni un mes y medio en mi casa de Vallecas.

Me parece una maravillosa muestra de su estilo el enlace que añade al final vinculando la trama de corrupción de la Generalitat Valenciana con este artículo. Es un buen ejemplo de lo que usted entiende por divulgación de ideas.

Agricultura ecológica. “Enseñar técnicas de agricultura ecológica, obsoletas y menos eficientes que las convencionales, o rescatar técnicas en desuso es interesante para los etnólogos, pero no servirá para curar el hambre”. Deje en paz a la ciencia, por favor, deje de mezclar la ciencia con su posicionamiento político. Desde miles de sitios del planeta, desde las voces de los mejores científicos que se han replanteado la productividad, los modelos de desarrollo y el problema del hambre, hay cientos de voces que critican el sistema productivo de una forma estructural. Hay cientos de libros científicos con opiniones diferentes a la suya. Deje de hablar de cosas de las que no tiene ni idea. Deje ya de mezclar el rechazo a las vacunas y la Powerbalance con su visión neoliberal del mundo.

Agricultura ecológica en África

La agricultura ecológica que usted critica por tener el sello “eco” que tanta alergia le da, es respaldada por todas las agencias internacionales de desarrollo y por alguno de sus amigos. La agricultura ecológica es la que se practicaba en África hasta que cambió el modelo económico en los años setenta y ahora importa alimentos del exterior sujetos a los precios de mercados internacionales que no hacen más que variar por la especulación. Según la Organización pseudocientífica de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el futuro de la agricultura depende de la biodiversidad.

Quizás usted no haya estudiado la deslocalización de los costes porque eso no es ciencia para usted. Quizás usted analiza los costes de fertilizantes y abonos tan sólo por el precio por el que los compra en Valencia sin tener en cuenta el por qué de esos precios. Así le cuadran sus cálculos “científicos”. Quizás tampoco haya leído a Naredo, ni le suenen sus análisis agrícolas ni económicos.

Educación. Definir los proyectos de educación de las ONG’s como ” Proyectos de marionetas y cuentacuentos infantiles generosamente financiados” demuestra una gran desfachatez además de un gran desconocimiento. Prefiero no hacer más comentarios.

Para terminar, lo que no entiendo es qué hace usted trabajando para una institución pública. Quizás su concepto de público encaja bien con el que tienen los dirigentes de la comunidad que le da de comer pues defiende sus mismas ideas y a las mismas empresas.  Debería de irse ya de una vez a trabajar a la empresa privada. Así serían más consecuentes sus ideas.

Hablando de libros, yo le recomiendo a usted la Doctrina del Shock de Naomi Klein, donde dice que, muchas veces, la ideología se disfraza de ciencia y necesidad para conseguir que los que están arriba sigan subiendo y los que están abajo se queden sin nada. Como termina hablando del MIT, cosa que queda muy bien entre científicos, le recuerdo que cada vez más gente en el MIT reconoce que el sistema que usted defiende nos llevará a un colapso globar sin precedentes en 2030.

Déjenos trabajar a la gente que queremos profundizar en las razones de la pobreza. Déjenos tranquilo a los que luchamos contra un sistema basado en el crecimiento infinito saltándose muchas premisas científicas. Si usted cree que esto no tiene nada que ver con la política, mejor que se dedique a escribir sobre sus estudios microbiológicos. Así quizás aporte algo como divulgador científico.

Edito1: insisto en que no quería provocar un debate sobre los trasngénicos. Los artículos a los que me refiero son de análisis globales, ecológicos. Y sí, el mío es un análisis político al igual que el suyo. Si me pedís artículos os paso algunos sobre transgénicos, ecosistemas y biodiversidad. A su vez remiten a otros estudios. También se pueden encontrar artículos que opinan que los trasngénicos afectan poco a la biodiversidad. Creo que cuanto menos merece un respeto al tratarse de un debate abierto en la comunidad científica. Mi principal crítica se centra en la falta de respeto que demuestra en cada artículo el señor Mulet y el agravio hacia mucha gente que defendemos un enfoque científico. El problema del hambre tiene un gran componente político y hay quien se empeña en abordarlo solamente desde un enfoque científico criticando a quién se posiciona en cuestiones políticas.

Edito2: Los ecólogos y catedráticos más críticos, se centran en el hecho de que la bioteconogía haya avanzado mucho más rápido que los estudios sobre ecosistemas y posibles impactos. Hay muchos estudios centrados en cuestiones concretas que indican que diferentes elementos modificados genéticamente no afectan a ciertas especies o a las condiciones del medio. Estos estudios son utilizados como argumento en favor de la política de apertura total. Creo que es un error. Hay otros muchos artículos que indican que afectan a diferentes aspectos y eso debería hacernos pensar que puede haber impactos y además irreversibles.

El señor Mulet me envió estos dos artículos tras publicar este post:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21367444

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21040386

Este último representa muy bien la visión que critico.  El artículo comienza

“The concept of sustainable development forms the basis for a wide variety of international and national policy making. World population continues to expand at about 80 M people per year, while the demand for natural resources continues to escalate. Important policies, treaties and goals underpin the notion of sustainable development.”

Con esta introducción, ya está entrando en materia sin tener en cuenta las causas sociopolíticas de esta situación mundial. Del aumento de población, del estres sobre los recursos naturales etc. Los que consideramos el debate sobre los transgénicos desde un punto de vista político, queremos llamar la atención sobre las patentes y sobre la transferencia de soberanía alimentaria que implica volcar las posibles mejoras productivas sobre empresas privadas multinacionales. Es una cuestión que no surge sólo con los transgénicos. También ha ocurrido fomentando el monocultivo, fomentando agricultura de exportación dependiente de los mercados internacionales y con el modelo agrícola productivista, centrado en la rentabilidad económica (sesgada y cortoplacista) que también defienden los partidarios de los transgénicos. 2+3 = 5, pero en 2 + 3(5X+9), el resultado no es cinco. No podemos dejar variables fuera del análisis. No hay más que mirar los efectos de la desarancelización fomentada en los países del sur con el argumento de que los precios de los alimentos bajan. La agricultura de los países del sur es cada vez más dependiente y los transgénicos pueden resultar la estocada perfecta a la soberanía alimentaria.

Otros consideramos que la agricultura debe estar encaminada a alimentar a la población que la produce por encima del análisis economicista clásico. El análisis es forzosamente político. Mientras que desde los círculos del señor Mulet se sigue transmitiendo la idea de que los transgénicos pueden resolver estos problemas (véase el artículo de arriba), los que hemos visto las consecuencias de decisiones basadas en los mismos principios, intentamos alertar sobre las verdaderas causas del hambre y las posibles consecuencias de la desregulación en cuanto a los transgénicos.

(1)

Field Released Transgenic Papaya Affects Microbial Communities and Enzyme Activities in Soil X. D. Wei, H. L. Zou, L. M. Chu, B. Liao, C. M. Ye and C. Y. Lan

Riesgos ambientales de los cultivos transgénicos: una evaluación agroecológica Miguel A. Altieri University of California, Berkeley. Estados Unidos

The Ecological Impacts of Agricultural Biotechnology, Miguel A. Altieri 

Doctora Sonia Emilia Sila Gómez. “Sustentabilidad de Agro-ecosistemas mediante Métodos de laboratorio y campo”; Universidad Nacional de Méjico

Los efectos del maíz transgénico en la diversidad de insectos Universidad Nacional del Litoral, Argentina, Facultad de Ciencias Agrarias

Alstad, D.N., y D.A. Andow. 1995. “Managing the evolution of insect resistance to transgenic plants. Science 268: 1894-1896.

Paoletti, M.G. y D. Pimentel. 1996. “Genetic engeering in agriculture and the environment: assessing risks and benefits. BioScience 46:665-671.

José Guillermo Del Rió Baena y Camilo Andrés Rodríguez Matiz, Universidad de Zaragoza La bioética y los alimentos transgénicos.

Róger Martínez Castillo Cultivos y alimentos transgénicos: una aproximación ecológica, Revista Biocenosis / Vol. 21 (1-2) 2008

Transgénicos, Patentes y TLC 17/09/04 Por Pedro Rivera Ramos Ingeniero agrónomo y profesor en la Facultad de Ciencias Agropecuarias – Universidad de Panamá

http://www.enveurope.com/content/24/1/9

http://www.springerlink.com/content/k8260768g5p2346x/

http://www.springerlink.com/content/j1h116qv041w8668/fulltext.html

http://www.springerlink.com/content/u35665rm58122181/

http://www.springerlink.com/content/m53g038jn1q60658/

http://www.springerlink.com/content/n73526q6108u4322/

http://www.springerlink.com/content/m6p200xm0v384022/

http://www.springerlink.com/content/4317km7733582u32/

http://www.enveurope.com/content/24/1/10

http://www.springerlink.com/content/u4w11257x135254u/

http://www.springerlink.com/content/p650330918763128/

La mejor frase que resume los estudios en esta línea, es esta conclusión de Miguel A. Altieri de la Universidad de Berkeley: 

“Biotechnology may someday be considered a safe agricultural tool but studies suggest it may have harmful ecological consequences, such as:

  • spreading genetically-engineered genes to indigenous plants
  • increasing toxicity, which may move through the food chain
  • disrupting nature’s system of pest control
  • creating new weeds or virus strains”

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¿Tan sólo una nueva sequía en Mauritania?

Otra vez. Mauritania se encuentra en riesgo de sufrir una crisis alimentaria en los próximos meses. Según los datos de Oxfam, más de un cuarto de la población (700.000 personas), corren riesgo de sufrir inseguridad alimentaria. En 2002, 2005, 2008 y 2010, diferentes crisis han golpeado a la población mauritana que se dedica a la economía de subsistencia. Los niños y las mujeres, como siempre, son los principales perjudicados.

Mujer cerca de Bogué, Brakna, Mauritania CC

¿Esta nueva crisis se debe sólo a otra sequía?

Más del 70% de los alimentos que se consumen en Mauritania son importados. Mauritania es un buen ejemplo de un país dependiente de factores externos que cada vez son menos estables. Según la FAO, los precios mundiales de los alimentos subieron en marzo por tercer mes consecutivo debido a la especulación y a la subida del precio del petróleo y de otros productos derivados (como  fertilizantes), entre otros factores. Además, con la mala cosecha de este año, en Mauritania los precios han aumentado con respecto al año pasado: el mijo, un 50 %; el maíz, un 60 %; y el sorgo un 100%.

Como recuerdan Save the Children y Oxfam en la declaración para acabar con el hambre, se puede acabar con este tipo de crisis en cualquier parte del mundo independientemente de las condiciones climáticas propias de cada zona. No es cierto que no haya alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de la población mundial a bajo precio.

Según la FAO, más de un 80% de la tierra cultivable de Mauritania no se cultiva. Los avances científicos en producción y las nuevas técnicas de cultivo, junto con la experiencia acumulada en la zona del río Senegal en las últimas décadas (algunas con buenos resultados), podrían triplicar los rendimientos de los suelos mauritanos.

Muchos problemas han estado vinculados a la apuesta por el monocultivo, especialmente el del arroz, que no puede competir con el arroz importado. Algunas iniciativas se centraron en la exportación de alimentos a países extranjeros. Estas iniciativas requieren grandes inversiones pero no están dirigidas directamente a paliar los problemas de subsistencia de la población mauritana. Además, los ingresos son inciertos y muy dependientes de los mercados internacionales. Otras iniciativas han pretendido cambiar de un plumazo las formas tradicionales de explotación agro-ganadera. No han tenido éxito.

Tanto el gobierno, como las organizaciones internacionales, llevan meses preparando una respuesta para la situación que se avecina. El gobierno mauritano instaló varios cientos de tiendas de proximidad con productos básicos subvencionados como arroz, aceite, azúcar, trigo o pasta. Estos productos son vendidos con descuentos de entre el 40% y el 60% en relación al precio del mercado. Esta medida solo ha beneficiado a una pequeña parte de la población y no es sostenible a largo plazo. Los precios siguen siendo demasiado altos para asegurar a la población el derecho a la alimentación. Estos cambios bruscos de los precios impiden cualquier tipo de planificación o inversión a largo plazo.

Mauritania es un pequeño país que no tiene más de tres millones y medio de habitantes y una superficie como dos veces la de España. En un país con tanto espacio y tan malas comunicaciones, las políticas de desarrollo rural han atendido demasiado a los mercados internacionales buscando soluciones a gran escala pero olvidándose de los pequeños agricultores y ganaderos.

¿Cómo podemos evitar esta situación recurrente?

Muchas situaciones recurrentes de crisis alimentaria, como en el caso de Mauritania, podrían evitarse con decisiones políticas tomadas en el país y en otras zonas del planeta.

Debemos exigir a nuestros gobernantes que terminen con la especulación en los mercados internacionales de alimentos para que se estabilicen los precios. Mientras esto no ocurra podemos trabajar promoviendo los mercados locales a pequeña escala y las actividades tradicionales dependientes de la demanda local. Debemos exigir a nuestros gobernantes que apoyen la gobernanza en las políticas agrícolas, que fomenten la diversificación, la biodiversidad y la producción local, el empoderamiento de las organizaciones de agricultores y ganaderos, el acceso al crédito rural, y que aseguren el Derecho a la alimentación a través del acceso a la tierra, al agua, y a los recursos de una forma sostenible.

Mientras no haya un consenso claro y unánime con respecto a estas cuestiones, se seguirá trabajando en cada crisis para mitigar impactos y salvar vidas, se seguirán mejorando los procedimientos de respuesta y de coordinación, pero estas crisis alimentarias se seguirán repitiendo.

Publicado en StCUK: http://blogs.savethechildren.org.uk/2012/04/mauritania-an-impending-crisis/

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La eficiencia energética como motor de destrucción ambiental

¿Eficiencia?

Desde las teorías clásicas de desarrollo, tanto desde la izquierda como desde la derecha, se ha asumido que la eficiencia ecológica nos acerca hacia un punto sostenible de explotación energética y de los recursos naturales. Sin embargo, no es complicado observar que no es así aunque nadie parece quererlo asumir. Que la máquina siga en marcha y que nos pille confesados.

Los adalides de la Responsabilidad Social Coorporativa, profesores de universidad y responsables de comunicación de grandes empresas, nos muestran a menudo las bondades de la tecnología que nos encamina hacia el “fantástico” mundo del desarrollo sostenible. Bombillas de bajo consumo, vehículos que consumen menos combustible y toda una serie de productos que nos harán ahorrar dinero y contaminar menos.

La realidad:

El consumo de energía y de recursos naturales no hace más que aumentar.

Las razones:

Las razones son diversas y se han escrito miles de libros al respecto. Pero una de ellas es la eficiencia de los productos que consumimos.

¿Por qué?

Los análisis de explotación y consumo del planeta atienden a indicadores globales. Lo que una persona ahorra en combustible tras comprarse un coche eficiente o una bombilla de bajo consumo, suele gastarlo en consumir otro producto que consume energía y nuevos recursos naturales.

La paradoja de Jevons: aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo lo que provoca un incremento del consumo global.

En 1865 William Stanley Jevons observó que tras introducir en el mercado una máquina de vapor a carbón más eficiente, el consumo global de carbón se elevó en Inglaterra. El carbón aumentó su eficiencia en relación con el coste, por lo que muchas industrias aumentaron el uso de la máquina de vapor, costeándola en parte con el dinero ahorrado en compra de carbón. Aunque individualmente la cantidad de carbón consumida en cada aplicación disminuyó, el consumo global aumentó.

Este fenómeno se da cada día con más frecuencia en la sociedad de consumo pues las propias empresas que venden la eficiencia energética como motor de cambio animan a los consumidores a gastar en otros productos con un impacto similar.

La sociedad de consumo como origen del problema ambiental 

Un ejemplo: Juanito ha decidido acogerse al plan renove y comprarse el coche más eficiente del mercado. Juanito ha calculado un ahorro anual de 3000 € en combustible ya que utiliza el coche todos los días para ir al trabajo. En pocos años lo habrá amortizado beneficiando al medio ambiente. Juanito ha calculado que gracias a esto su coche dejará de emitir 2 toneladas de CO2 al año. Juanito además se siente bien por invertir en tecnología ecológica y por haberse ahorrado al mismo tiempo unos durillos.

Con 1000 € del dinero ahorrado, Juanito decide por fin irse de viaje a Egipto con su novia. Otros 1000 euros los invierte en su negocio de electrodomésticos. Como es buen empresario aumenta sus ventas. Los 1000 euros restantes los deposita en el banco para “lo que pueda pasar”. Juanito siente que esto de la eficiencia energética es “un puntazo” pues ahorras dinero haciendo algo por el medio ambiente.

ERROR

Datos que no ha tenido en cuenta Juanito:

1. El avión a Egipto ha emitido a la atmósfera 60 veces el CO2 que Juanito ha ahorrado con su coche en un año y ha consumido más de 200 L de combustible por pasajero.

2. El aumento de ventas gracias a la inversión en su negocio, ha aumentado el consumo de combustible y de recursos en China para la producción de nuevos electrodomésticos, además del combustible del trayecto hasta España.

3. Los 1000 euros que Juanito ha metido en el banco han permitido que Antonio, que siempre anda con el agua al cuello, obtenga un crédito en el banco para comprarse un coche eficiente con la misma lógica que Juanito.

Además:

4. La construcción del vehículo nuevo de Juanito ha necesitado 65000 mega-julios de energía y 1,5 toneladas de petróleo para su construcción

Por tanto, comprar un coche eficiente ha generado en este caso más consumo de combustible y de recursos naturales que si Juanito hubiera decidido comprar un coche menos eficiente o no comprar ninguno.

¿Es por tanto una mala opción invertir en eficiencia?

Invertir en eficiencia es necesario para reducir impactos. Pero la inversión en eficiencia en la sociedad de consumo no sirve para reducir el consumo global de energía y recursos naturales. Las empresas se empeñan en vender su marca engañando al consumidor, haciéndole pensar que consumir productos eficientes contribuye en sí mismo en la reducción del impacto ambiental global.

¿Cómo podemos consumir para reducir impactos globales?

Para reducir impactos globales hay que desoir los consejos de las grandes empresas que fomentan el consumo y leer artículos desinteresados sobre consumo responsable. Escribiré algún post más concreto sobre este asunto.

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Carta a Ferran Adrià: Consumo responsable en El Bulli

Halong Bay a 6 de Enero de 2009

Estimado Ferran Adrià:

Hace poco leí en una entrevista que le gustaría ir a comer a un McDonalds. Yo le propongo que en vez de decirlo salga un día de su casa con unos duros y se tome una gran hamburguesa. O que se tome quince de golpe. Seguro que le sientan bien. Seguro que encuentra algún restaurante cerca de su casa. Es bastante más fácil que conseguir un asiento en su afamado restaurante. Si quisiera invitarme iría gustoso aunque no se como reaccionaría ante los sofisticados platos. Le agradezco sus gestos de acercarse al vulgo elogiando la comida barata de McDonalds y que diga que la calidad es enorme para el precio que tiene.  Tras sus años en el mundillo de la hostelería debería de saber que el precio no depende solo de la supuesta “calidad” de la comida. Le voy a enumerar unas pocas razones por las que esta cadena consigue reducir sus precios al máximo:

1. Tirar antes que lavar. En esta cadena se ha conseguido funcionar sin lavavajillas ya que todo envoltorio, cubierto o utensilio entregado al cliente va directamente a la basura. Responsabilidad ambiental.

2. Trabajo temporal. Su sistema de franquicias a las que exporta su política de empleo ha conseguido crear el prototipo del trabajador de comida rápida. Además de hacer labores de todo tipo, el empleado ganará el salario mínimo y nunca dejará de ser temporal, hasta su despido. Los encargados siguen siendo temporales y las ETT’s las encargadas de gestionarlo en muchos casos. Responsabilidad social corporativa.

3. Publicidad y captación infantil. Una de las políticas en las que invierte más dinero esta empresa es en sus coloridos lugares de recreo infantil en el que el niño asocia la diversión a la comida frita alta en colesterol, aunque según su análisis esta calidad bien vale su precio. Responsabilidad social.

4. McDonalds es el mayor productor de carne mundial y ha sido denunciado en numerosas ocasiones por aprovecharse de las deficientes legislaciones ambientales de muchos países subdesarrollados para deforestar inmensas superficies de bosque para el ganado. Responsabilidad ambiental.

Entre otras muchas, éstas son algunas razones por las que encontramos  hamburguesas de “tal calidad” por ese precio en el McDonalds. Así que yo prefiero no comerme estas hamburguesas y reírme de la publicidad gratuita (o quizás no) que alguna gente hace a estas empresas.

He decidido que para realizar un consumo responsable iré una vez al mes a comer a El Bulli. Esto es consumo responsable. Platos chiquiticos y muchos gases experimentales de por medio que nos llenen el espíritu y el buche a la par que se vacía nuestro bolsillo. Nadie dijo que el consumo responsable fuera barato.

Un saludo y hasta pronto.

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