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¿Cómo sería el mapa de África si lo hubieran dibujado los africanos?

¿Cómo sería el mapa del mundo si lo hubieran dibujado los africanos? Resulta inquietante darse cuenta de que la situación del norte arriba en los mapas es una convención que tiene el origen en los primeros cartógrafos europeos desde la época de Ptolomeo. Esta visión se reprodujo a lo largo de la historia y está marcada por la visión, la psicología y la sociología eurocéntrica del planeta.

Meier, Moller, Chen y Riemer-Peltz publicaron un estudio (Science Social Psychological and Personality, 2011), en el que se estudiaba algunas de las consecuencias psicológicas del hábito de situar en los mapas el norte arriba y el sur abajo. A través de cuatro experimentos, los autores demostraron que, debido a las asociaciones afectivas sobre la posición vertical (arriba = bueno, abajo = malo), los participantes tendían a favorecer irracionalmente los objetos situados arriba. Se elaboró un mapa de una ciudad imaginaria y la mayor parte de participantes expresaron su preferencia por vivir al norte de la ciudad al relacionarlo con un alto nivel socioeconómico.

Las connotaciones colonialistas implícitas  de la orientación de los mapas ya fueron puestas en evidencia por autores como el uruguayo Joaquín Torres a principios del siglo XX. Si los primeros cartógrafos hubieran sido africanos, probablemente el mundo hubiera sido cartografiado así:

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Sin embargo no todos los mapas se orientaron con el norte arriba. Nicolas Desliens elaboró un mapa en 1566, que puede encontrarse en la Biblioteca Nacional de París y que representaba el continente africano de esta forma:

africa

O este otro mapa de Pierre Desceliers de 1550 que está diseñado para ser colocado sobre una mesa y para leerse por ambos lados con las mismas facilidades, desde el norte como desde el sur:

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Estas convenciones nunca son neutrales y vienen marcadas por nuestra visión particular del mundo, sin embargo, se podría pensar que este último mapa podría haber sido la base sobre la que construir una cartografía más neutral que considerara las diferentes perspectivas desde las que se puede observar el mundo.

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Transgénicos: crítica a una ciencia indolente

Son tiempos difíciles para la ciencia. Las pseudociencias mercantilizadas inundan las farmacias, los escaparates, los catálogos. La gente no se preocupa por investigar lo que está comprando y todo vale en el mundo de la publicidad: productos milagrosos, homeopatía, ecobolas, pulseras powerbalance… La divulgación científica no es valorada y los amantes de las pseudociencias New Age se cuelan en los espacios científicos, públicos o privados. Gracias a Internet y al inestimable trabajo desinteresado de cientos de profesores, estudiantes y gente que se dedica a la divulgación científica, el acceso a la ciencia está cada día un poco más al alcance de todos. Un gran número de blogs denuncian estos productos y los entramados que aprovechan la ignorancia para hacer negocio. Podría enumerar cientos de blogs y espacios donde se promueve un enfoque escéptico ante las pseudociencias y las conspiraciones trasnochadas con datos serios y método científico. Soy seguidor de muchos de ellos.

Sin embargo, hoy quiero hablar de la ciencia en sí. De la ciencia que tenemos, de la que podríamos tener y de las diferentes ciencias posibles. La ciencia es ciencia por su método pero no por su objeto. Algunos de estos defensores de la ciencia parecen olvidarse de que la ciencia es un elemento social unido a diferentes aspectos filosóficos, económicos y humanos. Este aspecto, olvidado por muchos, hace que se encumbre la ciencia como fin en sí mismo sin pararse a analizar los objetivos y las consecuencias de la misma. El indigenasimaginario occidental ha elevado el productivismo económico y la tecnología al más elevado de los altares. El productivismo de la modernidad, ha dado paso a un nuevo productivismo postmoderno en el que los científicos no tienen ya porqué plantearse en qué ámbito trabajan ni las razones por las que cayeron en este campo. Mantienen la idea de que el fin de los males de la humanidad es el desarrollo de la tecnología y el aumento de la productividad. La ciencia es buena en sí, da igual todo lo demás, deificando la ciencia “imparcial” y olvidando el contexto en el que ésta se desarrolla. Defienden la ciencia que hacen cada día, sin más. La consideran una ciencia por encima de lo humano, por encima de lo económico, del bien y del mal. Es ciencia porque sigue el método científico, por tanto, es ciencia a defender. No suelen pararse a pensar por qué hay tantos científicos en unos sectores y tan pocos en otros. ¿Los científicos eligen ellos su línea de investigación? Se invierte en unas ciencias y en otras no. ¿Quién decide las prioridades de financiación en el ámbito público y privado y con qué objetivos? Sin financiación y sin beneficios, no hay ciencia en campos tan rentables como la agricultura. Es esta ciencia indolente, asocial y erróneamente deificada, la que dedica más fondos para investigar el tratamiento de la calvicie que para la vacuna de la malaria. Aunque algunos se empeñen en negarlo, el sector público no se salva de estos intereses.

Un buen ejemplo de esta ciencia indolente, es el de José Miguel Mulet Salort, un investigador en ingeniería genética, respetado en los blogs de divulgación científica en España, que tiene una cruzada abierta contra la agricultura ecológica y en favor de los alimentos transgénicos y su investigación. Es el autor del libro Los alimentos naturales vaya timo. JM Mulet dedica buena parte de su tiempo a desprestigiar, con un lenguaje de dudoso gusto, a organizaciones de todo tipo que se movilicen en contra del desarrollo de los transgénicos o a favor de la agricultura ecológica o tradicional. No se le oirá entrar en muchos análisis económicos o sociales. Todos sus razonamientos son científicos y, por tanto, definitivos. Este enfoque puramente productivista y etnocéntrico ha marcado la filosofía, la política y la economía de los países capitalistas y también de los países del llamado socialismo real. Es un enfoque todavía asumido en occidente y es justamente el que ha servido para la exclusión de millones de personas del sur durante el siglo XX.

Partidarios y detractores de los transgénicos se centran una y otra vez en las discusiones a nivel micro sobre casos y efectos sobre la biodiversidad, sobre la salud humana, el consumo etc. Creo que es un debate interesante pero que hace que se pierda la perspectiva sobre lo que realmente importa. Y esa es justamente la pregunta. ¿Qué es lo que realmente importa y a quién le importa? Como bien analiza Boaventura de Sousa Santos en su Crítica a la razón indolente, la ciencia occidental debe replantearse desde su origen y debe estar marcada por un claro principio de precaución a todos los niveles. No solamente precaución ambiental, sino precaución social, política y económica, teniendo en cuenta el sentir de los pueblos del sur, siempre excluidos por la historia y que no tienen ni voz ni medios para hacerse oír y marcar sus prioridades. Los resultados sociales de la ciencia productivista impulsada por el colonialismo en el sur son desastrosos. Pero hay quien quiere prefiere seguir pensando sólo a través de nuevos avances científicos van a conseguir un mundo mejor. ¿Mejor para qué? ¿Qué es mejor para quién? Estos investigadores de la ingeniería genética  jamás se meten en analizar los efectos sociales del desarrollo productivista de los transgénicos, prefieren repetir la santa verdad de que las mejoras productivas de las especies son buenas, y ya está. Da igual quién impone estas “mejoras” en el sur o en la zonas rurales. El contexto político y económico, y que “los mercados” y las empresas sean las que han conseguido en las últimas décadas el poder de imponer a los agricultores de todo el mundo sus criterios y su forma de producir a través de acuerdos comerciales internacionales, no parece ser un dato a tener en cuenta para con el desarrollo científico.  Los argumentos repetidos ad hominem han sido asumidos por buena parte de los científicos indolentes de occidente: la selección antrópica tampoco es natural, los químicos son naturales, lo natural no existe, lo natural es todo, no hay evidencias…  Pero todo por la producción tal y como viene marcada. Eso es un bien incuestionable. ¿La producción de qué y para qué? Se tiene muy claro qué es lo que los países colonizados deben hacer para su “buen” desarrollo. Su análisis se reduce al productivismo puro y duro e insisten en que las mejoras genéticas de las especies pueden salvar al mundo. ¿Salvarlo de quién?

El productivismo lleva fracasando más de un siglo en la lucha contra el hambre y ha sido el principal motor de la exclusión social en el sur. Allá donde llegaron nuestras grandes ideas occidentales de desarrollo, neutrales, científicas y universales, es donde las los excluidos perdieron más. Pero lo peor que perdieron fue la voz. Da igual cómo quieran producir en el sur, nosotros tenemos la clave porque es científica y no puede haber discusión. Sobre todo ahora que los precios son globales: todo por la producción pero sin el productor. Qué más da su opinión si nosotros, que tenemos la ciencia, ya pensamos por ellos. ¿Y si ellos prefirieran que la ciencia investigara otros aspectos y no el aumento de la productividad de las especies que marca el mercado global? Si las mejoras productivas no han servido para acabar con los problemas de la gente del sur, ¿Por qué los ingeniron genéticos se apuntan al lobby político-social productivista? Ellos suelen explicar que sus opiniones contribuyen al progreso de la ciencia. Sin embargo, en el mundo capitalista en el que vivimos, no hace falta mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciencia no existe en sí misma desligada de los intereses mercantilistas y de las empresas que sacan rentabilidad de estos estudios. Son estas empresas, con Monsanto a la cabeza, las que han conseguido marcar la agenda de desarrollo de los campesinos y campesinas del sur. El señor Mulet, que se considera de izquierdas, se desliga del gran capital con una escueta crítica sobre las patentes, defendiendo que la ciencia es independiente y que se pueden liberar las patentes como se ha hecho en algunos casos. Profundo análisis global éste, que no tiene en cuenta los datos de la situación social “real” de los países en los que el desarrollo de los transgénicos ha creado una verdadera catástrofe social, pero eso no es ciencia, son “daños colaterales” y prefieren ir a lo micro para su análisis científico pero a lo macro para desprestigiar a todas las organizaciones que defienden otro modelo productivo. Este desfase entre el objeto de su ciencia y la ira global de sus ataques, es la clave de su absurdo. No los argumentos científicos que utilicen para hacerlo.

Para ellos la ciencia es ciencia. Y querer frenar el desarrollo de los transgénicos es anti-científico. Es ideología, vaya, y no tiene nada que ver con su trabajo. La ciencia debe ser libre a desarrollarse en su caótico porvenir. ¿Es tan caótico y espontáneo este desarrollo? Al fin y al cabo el señor Mulet es eso. Un capitalista de “izquierdas” que analiza sus datos en su despacho sin mezclarse con agricultores negros o indígenas, más que cuando coincide con alguno en una conferencia internacional. Qué casualidad, también estos “representantes” del sur, creen que se puede arreglar el mundo a través de los transgénicos. Esos representantes a los que la “mano invisible” les fleta aviones para que puedan ir a grandes conferencias internacionales…

mujeresAl mismo tiempo se dedican a criticar la agricultura ecológica y tradicional con el sencillo argumento de que produce menos. El señor Mulet no termina de entender el por qué la FAO y la ONU impulsan la agricultura ecológica y tradicional porque produce menos y con eso está todo dicho. No sé cómo se explicará el señor Mulet que la organización más grande jamás creada, la Vía Campesina, que representa a más de 500 millones de campesinos y campesinas del mundo y en la que por fin tienen voz los excluidos, defienda la agricultura tradicional y ecológica. ¿Les habrán convencido los enviados de la pseudociencia? ¿Las malvadas ONG’s ecologistas habrán sido capaces de comer el coco a 500 millones de personas? No. Son los olvidados, los sin voz, los excluidos a los que nadie preguntó qué querían hacer con sus vidas. Esa gente que ellos piensan que no saben lo que realmente quieren, esos que están equivocados. Esa gente “subdesarrollada” de la que tanto tiempo se lleva hablando en universidades occidentales para encontrarles un camino y una solución.

Estos 500 millones de campesinos que son despreciados por el lobby transgenetista cada día con sus enfoques, están hartos de las vidas que les vendemos. Se están organizando y luchan contra el productivismo que les es impuesto y contra los tránsgénicos. No luchan contra la ciencia, luchan contra los que les dicen desde sus púlpitos cual debe ser su ciencia y cómo deben desarrollarse, contra los que imponen una forma de entender el mundo. Lo que deben ser y lo que tiene que ser importante para ellos. Están hartos de gente como el señor Mulet que llevan hablando de productividad demasiado tiempo desde sus despachos y que fijan sus críticas sobre los que les defienden.

Este es el verdadero peligro de los científicos indolentes. Son los nuevos Fukuyama de la postmodernidad científica. La ideología ha muerto y nos queda lo único en lo que estaban de acuerdo la OTAN y el pacto de Varsovia: el productivismo. Esta no es mi ciencia, es la ciencia indolente de los sabios de occidente que, no serán unos “magufos”, pero sustentan, algunas veces sin saberlo, la barbarie en el mundo y centran sus críticas sobre organizaciones que, con mejores o peores argumentos, luchan por defender a los excluidos. Si su objetivo es ayudar al sur, ya han fracasado de antemano.

Afortunadamente, se están levantando los que nunca tuvieron voz para contarnos lo que son y lo que quieren. Se están organizando. Son ese ente oscuro y desconocido que no entendemos en Europa. Esa gente rara que a veces prefiere “producir” menos. La ciencia que yo defiendo es la ciencia puesta al servicio de los intereses de las personas, de los diferentes intereses que muchos científicos no entienden. De los diversos mundos que quieren existir y no les dejamos. Los problemas del sur no van a arreglarse con la ciencia que los Mulets representan, entre otras cosas, porque seguimos sin escuchar a la gente del sur para saber cuáles son sus problemas.  Quinientos millones de campesinos están deseando explicarles por qué prefieren la agricultura tradicional y ecológica a la agricultura productivista que estos científicos defienden. Una agricultura científica que bien da de comer. Escuchémosles. 

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El último día de Jacques Derrida

Derrida-by-Pablo-Secca8 de octubre de 2004. El viejo Jacques Derrida se reclina en su cama. Es consciente de que ha llegado su día. Ya no tendrá un mañana. No sabe nada de dónde irá porque nunca encontró a su mesías. Sabe que quedará su presencia en el mundo a través de sus escritos y eso le calma por un momento. Es algo que suele pasarle a los escritores que se sienten eternos. Su eternidad está basada en ilegitimar la eternidad de muchos. Esto también le alivia.

Mira por la ventana, se acuerda de su juventud, de sus pasiones y de lo que le hizo acercarse a la filosofía. Quería cambiar el mundo. Dejar un legado. Sabe que ha dejado una gran obra, que escribió mucho, que deconstruyó lo que muchos inconscientes habían creído absoluto. En eso consiste el trabajo de un filósofo, pensaba él. Eso, cree él,  al menos estuvo bien hecho. Lo hizo porque así lo sentía, así pensó.

Pero no entiende qué ha pasado. Se siente mal. El desazón le aflige desde hace unos años. Derrida no está contento, está triste. El mundo que observa por la ventana no le gusta. El mundo que observa le gusta todavía menos que el mundo de su juventud, el mundo que le hizo moverse, estudiar, vivir… Y Derrida no entiende por qué. No entiende del todo lo qué ha pasado. Ya hace unos años que dio algunos pasos hacia atrás y quiso recuperar conceptos ideconstruibles de los escombros de la modernidad. Explicó bien por qué hay ciertos conceptos ideconstruibles. Pero no es capaz de creérselo  ni él mismo del todo, con su propia “différence” que ya había caído en en una no-lógica ideconstruible. Su última década de vida ha estado marcada por una culpa idecontruible. Una sensación que no le dejaba dormir bien. Algo no le cuadraba cuando miraba al mundo. Fue entonces cuando habló incluso de reconstruir a Marx. Al menos una parte, un poquito. Pensó que quizás así podría parar a sus entusiastas seguidores norteamericanos que ya habían puesto en marcha una maquinaria del saber encargada de “construir” un castillo filosófico que vertebra el mundo actual tal y como “es”, tal y como evoluciona, el sistema que nos toca, este tiempo, la muerte de la ideología, el fin de los tiempos.

Derrida se siente fatal su último día, no entiende por qué todo ha salido tan mal. El viejo siempre creyó en lo que hizo. Quería cambiar el mundo y lo cambió. Pero ahora siente que no ha estado bien dejar que todo se hunda en los mares del flujo infinito del lenguaje en el mundo actual. Demasiada muerte quizás. Ya no sabe qué hacer el viejo Derrida. No sabe dónde se equivocó. Es su último día en una bonita casa de París  El sol brilla. Se le va la vida, se le va el lenguaje tras un suspiro y siente que todo lo que ha escrito no vale nada, porque el mundo se muere.

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Nuestros privilegios y sus privilegios

Esta semana, a la llegada al aeropuerto de Nouakchott, Mauritania, todas las personas se arremolinaban alrededor de las taquillas en las que sellan el pasaporte. La gente rellenaba los papeles de entrada en el país a toda prisa para no quedar atrapados en una cola que puede durar horas. Algunas y algunos mauritanos, los que conocen a alguien que trabaja allí o son personajes conocidos entre el personal del aeropuerto, (o pagan una propina) pasan al despacho individual y no esperan cola. Son los privilegiados de Mauritania.

Muchos de los occidentales que nos encontrábamos esperando empezaron a comentar la jugada, como suele ser habitual, recordando la enorme corrupción que existe en este país. “Cómo unos pocos pueden pasar por delante del resto con las colas que se forman…” Sin embargo, a mi me llamó la atención que despotricaran contra este hecho en el aeropuerto de Nouakchott y a nadie le pareciera extraño que tan sólo unas horas antes, en el aeropuerto de Barajas, los clientes de Iberia Plus, VIPS y primera clase, pasaran por delante de nuestras narices sin esperar cola. Son los privilegiados de occidente.

¿Hay alguna diferencia entre lo que sucede en un país y en otro? ¿son tan diferentes las formas de funcionar? ¿Son tan corruptos estos países como parece? Este es un ejemplo que representa muy bien la forma que tenemos los occidentales de opinar y pasearnos por África.

La visión eurocentrista de muchos occidentales que viajan en sus lustrosos todo-terreno por las calles africanas, cooperantes, miembros de Naciones Unidas, Unión Europea, agencias internacionales, es sesgada. Tenemos muy asumido que el dinero puede pagar cualquier privilegio. Pero además debe de estar regulado y ser accesible a todos (los que puedan pagarlo) o simplemente ser un privilegio que tenga el visto bueno de nuestro mundo o nuestras agencias. De hecho, es el dinero el que nos da el privilegio de estar en África, de darles lecciones y de enseñarles cómo deben desarrollarse. Somos mejores, es decir, menos corruptos. Como recordaba Edwar Said en el Orientalismo, los colonos ingleses, que también eran mucho mejores que los colonizados, retiraban a sus diplomáticos de los países antes de cumplir los 50 años, para transmitir una imagen de los blancos de juventud y de personas llenas de vitalidad. Hoy en día es el dinero lo que marca las diferencias y puede convertir cualquier privilegio en aceptable. No basta con ser mejores. Además hay que parecerlo, así que, si disfrutamos de los privilegios, hay que conseguir que sea legal, lo cual no es muy complicado.

Otro ejemplo. Todavía recuerdo la odisea de tres días de esperas y frustraciones que tuvimos que vivir para conseguir la tarjeta de residencia mauritana en el mes de junio. Un programa de control de la inmigración, financiado por la Unión Europea en Mauritania, obligó a que, en menos de dos meses, todos los extranjeros del país, se presentaran en la comisaría central de Nouakchott para obtener la tarjeta de residencia tras varios procesos burocráticos insufribles, largas horas de espera y el pago de 70 euros. Si pagabas dinero a los policías podían tramitar los papeles en poco tiempo. Muchos mauritanos lo hacían. Pero lo que más curioso me pareció es encontrarme a muchos europeos que trabajan en ongs, con proyectos que pretenden luchar, entre otras cosas, contra la corrupción, pagando a quién hiciera falta por no esperar las colas. No pasa nada. No es corrupción, es un servicio técnico. Se paga a alguien para que haga un servicio. Estos servicios, que utilizan los europeos a diario en Mauritania para “facilitar procedimientos”, y quienes pueden presentarte una factura con todas las de la ley, son la limpieza de conciencia de los mismos blancos que critican a diario la corrupción mauritana.

Yo esperé durante tres días en la fila de los negros, con senegaleses y guineanos, viendo como cientos de personas pasaban con su contacto local delante de nuestras narices retrasándonos horas a las personas que no pagamos. Me regocijaba saber que mi presencia en la fila de los pobres, les hacía sentir mal a los blancos que llegaban y pasaban por delante de todos nosotros. Un italiano, trabajador de una ONG dedicada a los derechos humanos  y que conozco bien, pasó por delante de nosotros con la cabeza gacha, con cara de culpable y no tuvo agallas de saludarme, se sitió muy mal y se notaba. Lo que más rabia me dio, además de olvidarme un libro de lectura, fue saber que estos tipos no hubieran bajado la cabeza si no hubieran visto un blanco esperando con todos los demás negros. Porque en la cola sólo había negros. Y ya sabemos… en Mauritania, los blancos tenemos privilegios sobre los negros y no pasa nada por hacerlos esperar, un blanco no puede perder tres días de trabajo, el trabajo de un negro vale menos. Y esa diferencia se paga. El privilegio del dinero. Nuestro privilegio. Un privilegio totalmente legal y no su subdesarrollada corrupción.

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¿Tan sólo una nueva sequía en Mauritania?

Otra vez. Mauritania se encuentra en riesgo de sufrir una crisis alimentaria en los próximos meses. Según los datos de Oxfam, más de un cuarto de la población (700.000 personas), corren riesgo de sufrir inseguridad alimentaria. En 2002, 2005, 2008 y 2010, diferentes crisis han golpeado a la población mauritana que se dedica a la economía de subsistencia. Los niños y las mujeres, como siempre, son los principales perjudicados.

Mujer cerca de Bogué, Brakna, Mauritania CC

¿Esta nueva crisis se debe sólo a otra sequía?

Más del 70% de los alimentos que se consumen en Mauritania son importados. Mauritania es un buen ejemplo de un país dependiente de factores externos que cada vez son menos estables. Según la FAO, los precios mundiales de los alimentos subieron en marzo por tercer mes consecutivo debido a la especulación y a la subida del precio del petróleo y de otros productos derivados (como  fertilizantes), entre otros factores. Además, con la mala cosecha de este año, en Mauritania los precios han aumentado con respecto al año pasado: el mijo, un 50 %; el maíz, un 60 %; y el sorgo un 100%.

Como recuerdan Save the Children y Oxfam en la declaración para acabar con el hambre, se puede acabar con este tipo de crisis en cualquier parte del mundo independientemente de las condiciones climáticas propias de cada zona. No es cierto que no haya alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de la población mundial a bajo precio.

Según la FAO, más de un 80% de la tierra cultivable de Mauritania no se cultiva. Los avances científicos en producción y las nuevas técnicas de cultivo, junto con la experiencia acumulada en la zona del río Senegal en las últimas décadas (algunas con buenos resultados), podrían triplicar los rendimientos de los suelos mauritanos.

Muchos problemas han estado vinculados a la apuesta por el monocultivo, especialmente el del arroz, que no puede competir con el arroz importado. Algunas iniciativas se centraron en la exportación de alimentos a países extranjeros. Estas iniciativas requieren grandes inversiones pero no están dirigidas directamente a paliar los problemas de subsistencia de la población mauritana. Además, los ingresos son inciertos y muy dependientes de los mercados internacionales. Otras iniciativas han pretendido cambiar de un plumazo las formas tradicionales de explotación agro-ganadera. No han tenido éxito.

Tanto el gobierno, como las organizaciones internacionales, llevan meses preparando una respuesta para la situación que se avecina. El gobierno mauritano instaló varios cientos de tiendas de proximidad con productos básicos subvencionados como arroz, aceite, azúcar, trigo o pasta. Estos productos son vendidos con descuentos de entre el 40% y el 60% en relación al precio del mercado. Esta medida solo ha beneficiado a una pequeña parte de la población y no es sostenible a largo plazo. Los precios siguen siendo demasiado altos para asegurar a la población el derecho a la alimentación. Estos cambios bruscos de los precios impiden cualquier tipo de planificación o inversión a largo plazo.

Mauritania es un pequeño país que no tiene más de tres millones y medio de habitantes y una superficie como dos veces la de España. En un país con tanto espacio y tan malas comunicaciones, las políticas de desarrollo rural han atendido demasiado a los mercados internacionales buscando soluciones a gran escala pero olvidándose de los pequeños agricultores y ganaderos.

¿Cómo podemos evitar esta situación recurrente?

Muchas situaciones recurrentes de crisis alimentaria, como en el caso de Mauritania, podrían evitarse con decisiones políticas tomadas en el país y en otras zonas del planeta.

Debemos exigir a nuestros gobernantes que terminen con la especulación en los mercados internacionales de alimentos para que se estabilicen los precios. Mientras esto no ocurra podemos trabajar promoviendo los mercados locales a pequeña escala y las actividades tradicionales dependientes de la demanda local. Debemos exigir a nuestros gobernantes que apoyen la gobernanza en las políticas agrícolas, que fomenten la diversificación, la biodiversidad y la producción local, el empoderamiento de las organizaciones de agricultores y ganaderos, el acceso al crédito rural, y que aseguren el Derecho a la alimentación a través del acceso a la tierra, al agua, y a los recursos de una forma sostenible.

Mientras no haya un consenso claro y unánime con respecto a estas cuestiones, se seguirá trabajando en cada crisis para mitigar impactos y salvar vidas, se seguirán mejorando los procedimientos de respuesta y de coordinación, pero estas crisis alimentarias se seguirán repitiendo.

Publicado en StCUK: http://blogs.savethechildren.org.uk/2012/04/mauritania-an-impending-crisis/

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José Tomás y la censura de El Larguero

José Ramón de la Morena

En el programa deportivo El Larguero se ha dedicado esta noche casi 15 minutos de programa al matador de toros José Tomás. Esta entrevista ha incluido una entrevista a su padre y todo tipo de comentarios. Sabiendo que los domingos, después de este programa, se emite otro dedicado al toreo me he indignado especialmente y he acudido a su página del facebook para escribir mi opinión. Mi comentario no era el primero y en pocos minutos el muro estaba lleno de críticas. A los pocos minutos todos los comentarios han sido eliminados y los usuarios baneados para no poder comentar. Solo se ha dejado el comentario de una persona quitando toda importancia a los hechos que se denunciaban.

Hace algún tiempo que en la Cadena Ser se comenta los seguidores que ostentan cada uno de sus programas en Facebook. Se habla habitualmente de la red social haciendo alarde de la participación de sus oyentes y haciendo ver que se les tiene en cuenta. Al final de El Larguero se comentan las críticas vertidas por los oyentes intentando mostrar una falsa imagen de autocrítica. Pero como se vio ayer es todo una mentira. Ayer nadie comentó nada al respecto. Las críticas que se comentan en el programa no son solo las que ellos quieren, sino que se eliminan los comentarios que no gustan y se banea a los usuarios que resultan molestos.

Al margen de mi opinión sobre la tortura a la que algunos llaman fiesta, con esta denuncia pretendo sacar  la luz la farsa de las empresas de comunicación con las redes sociales. Mañana seguirán alardeando de sus más de 30.000 seguidores en Facebook y yo seguiré baneado para no poder volver a comentar jamás los contenidos del programa El Larguero. Esta es la participación de los oyentes de la que presumen. Esta es una historia más de un feudo dirigido por una persona que decide cómo se hacen las cosas y los contenidos de “su” programa al margen de oyentes y sensibilidades y solo atendiendo al amiguismo de los suyos y olvidando a los que no son suyos.

Los santos cojones de José Ramón en su programa y sus normas de moderación en Facebook coinciden en gran medida y no es por casualidad. Me recuerdan a las de mi jefe que espero que no conozca este blog. Así se hacen las cosas. Mañana todos se llenarán la boca con las nuevas tecnologías y la participación de los que les dan de comer. Así se entienden las tecnologías y la participación, cuando me gusta, que hablen, cuando no me gusta, que desaparezcan. Mañana nadie sabrá nada, Joserra pondrá lo que quiera en su programa, mi jefe dirá lo que es participar y lo que no, José Tomás seguirá matando  y yo seguiré oyendo el larguero y trabajando sin rechistar.

Santo Internet y las redes sociales. Santos cojones de algunos.

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Mutilación genital femenina en Mauritania

¿Por qué?

La mutilación genital femenina MGF, también comocida como ablación es un grave atentado contra los derechos humanos y de la mujer. Hoy os contaré lo que he descubierto esta semana al respecto.

Últimamente Mauritania ha salido en los medios debido al secuestro de dos cooperantes españoles pero antes nadie parecía acordarse de este país a medio camino entre el áfrica negra y el magreb y marcado por la dureza del desierto. Conozcamos algunas cosas más de Mauritania:

Mauritania ocupa el puesto número 154 del IDH -informe del PNUD sobre desarrollo humano 2007-2008- y figura en el listado de Países Menos Adelantados -PMA- de la Organización de Naciones Unidas. El proceso de ajuste estructural que se ha llevado a cabo en Mauritania en los últimos años le ha permitido tener unas cifras macroeconómicas aceptables pero ha dejado el país en una situación social catastrófica. Cuenta con una población joven. El 44,2% son niños menores de 15 años y solamente el 3,9% tiene más de 65 años. Los hombres representan el 49,07% de la población frente al 50,93% de mujeres. La media nacional de analfabetismo es del 49%. El acceso a la educación está muy limitado y la tasa de escolarización primaria es del 74% de media nacional según datos del PNUD, y del 63% para las niñas. El PIB es de 2.234 dólares PPA por habitante y es el único de los países del Mediterráneo que pertenece a la categoría de los PMA y que recibe un volumen de AOD que contribuye de forma decisiva a su renta. Esta financiación internacional se ha visto incrementada en los últimos años tras su entrada en el grupo de Países Pobres Más Endeudados (PPTE). Aunque reivindica su pertenencia al Magreb árabe, sus características de desarrollo económico y humano están muy lejos de la media de los países del Magreb y mucho más cercanas a las de sus vecinos africanos.

¿Y que es esto de la mutilación? Según el estudio realizado por UNICEF a través de Mesure DHS en 2001, en Mauritania el 71 % de las mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 45 años declararon haber sufrido alguna forma de mutilación genital femenina (MGF). Sobre el conjunto del país, existen importantes diferencias entre las mujeres en función de la región, la etnia o el nivel educativo. La MGF tiene mayor incidencia en familias con menor renta. Con respecto a las etnias, la práctica es más corriente en los soninkés (92 %), los pulars (72 %) y las mujeres moras (71 %). En los wolofs el índice de prevalencia es del 22 %.

Esta práctica supone en mi opinión un ejemplo claro de que la lucha por los derechos humanos debe ser universal y la relatividad ética promulgada por muchos de los enemigos del intervencionismo no es una opción.

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