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¿Cómo sería el mapa de África si lo hubieran dibujado los africanos?

¿Cómo sería el mapa del mundo si lo hubieran dibujado los africanos? Resulta inquietante darse cuenta de que la situación del norte arriba en los mapas es una convención que tiene el origen en los primeros cartógrafos europeos desde la época de Ptolomeo. Esta visión se reprodujo a lo largo de la historia y está marcada por la visión, la psicología y la sociología eurocéntrica del planeta.

Meier, Moller, Chen y Riemer-Peltz publicaron un estudio (Science Social Psychological and Personality, 2011), en el que se estudiaba algunas de las consecuencias psicológicas del hábito de situar en los mapas el norte arriba y el sur abajo. A través de cuatro experimentos, los autores demostraron que, debido a las asociaciones afectivas sobre la posición vertical (arriba = bueno, abajo = malo), los participantes tendían a favorecer irracionalmente los objetos situados arriba. Se elaboró un mapa de una ciudad imaginaria y la mayor parte de participantes expresaron su preferencia por vivir al norte de la ciudad al relacionarlo con un alto nivel socioeconómico.

Las connotaciones colonialistas implícitas  de la orientación de los mapas ya fueron puestas en evidencia por autores como el uruguayo Joaquín Torres a principios del siglo XX. Si los primeros cartógrafos hubieran sido africanos, probablemente el mundo hubiera sido cartografiado así:

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Sin embargo no todos los mapas se orientaron con el norte arriba. Nicolas Desliens elaboró un mapa en 1566, que puede encontrarse en la Biblioteca Nacional de París y que representaba el continente africano de esta forma:

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O este otro mapa de Pierre Desceliers de 1550 que está diseñado para ser colocado sobre una mesa y para leerse por ambos lados con las mismas facilidades, desde el norte como desde el sur:

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Estas convenciones nunca son neutrales y vienen marcadas por nuestra visión particular del mundo, sin embargo, se podría pensar que este último mapa podría haber sido la base sobre la que construir una cartografía más neutral que considerara las diferentes perspectivas desde las que se puede observar el mundo.

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Nuestros privilegios y sus privilegios

Esta semana, a la llegada al aeropuerto de Nouakchott, Mauritania, todas las personas se arremolinaban alrededor de las taquillas en las que sellan el pasaporte. La gente rellenaba los papeles de entrada en el país a toda prisa para no quedar atrapados en una cola que puede durar horas. Algunas y algunos mauritanos, los que conocen a alguien que trabaja allí o son personajes conocidos entre el personal del aeropuerto, (o pagan una propina) pasan al despacho individual y no esperan cola. Son los privilegiados de Mauritania.

Muchos de los occidentales que nos encontrábamos esperando empezaron a comentar la jugada, como suele ser habitual, recordando la enorme corrupción que existe en este país. “Cómo unos pocos pueden pasar por delante del resto con las colas que se forman…” Sin embargo, a mi me llamó la atención que despotricaran contra este hecho en el aeropuerto de Nouakchott y a nadie le pareciera extraño que tan sólo unas horas antes, en el aeropuerto de Barajas, los clientes de Iberia Plus, VIPS y primera clase, pasaran por delante de nuestras narices sin esperar cola. Son los privilegiados de occidente.

¿Hay alguna diferencia entre lo que sucede en un país y en otro? ¿son tan diferentes las formas de funcionar? ¿Son tan corruptos estos países como parece? Este es un ejemplo que representa muy bien la forma que tenemos los occidentales de opinar y pasearnos por África.

La visión eurocentrista de muchos occidentales que viajan en sus lustrosos todo-terreno por las calles africanas, cooperantes, miembros de Naciones Unidas, Unión Europea, agencias internacionales, es sesgada. Tenemos muy asumido que el dinero puede pagar cualquier privilegio. Pero además debe de estar regulado y ser accesible a todos (los que puedan pagarlo) o simplemente ser un privilegio que tenga el visto bueno de nuestro mundo o nuestras agencias. De hecho, es el dinero el que nos da el privilegio de estar en África, de darles lecciones y de enseñarles cómo deben desarrollarse. Somos mejores, es decir, menos corruptos. Como recordaba Edwar Said en el Orientalismo, los colonos ingleses, que también eran mucho mejores que los colonizados, retiraban a sus diplomáticos de los países antes de cumplir los 50 años, para transmitir una imagen de los blancos de juventud y de personas llenas de vitalidad. Hoy en día es el dinero lo que marca las diferencias y puede convertir cualquier privilegio en aceptable. No basta con ser mejores. Además hay que parecerlo, así que, si disfrutamos de los privilegios, hay que conseguir que sea legal, lo cual no es muy complicado.

Otro ejemplo. Todavía recuerdo la odisea de tres días de esperas y frustraciones que tuvimos que vivir para conseguir la tarjeta de residencia mauritana en el mes de junio. Un programa de control de la inmigración, financiado por la Unión Europea en Mauritania, obligó a que, en menos de dos meses, todos los extranjeros del país, se presentaran en la comisaría central de Nouakchott para obtener la tarjeta de residencia tras varios procesos burocráticos insufribles, largas horas de espera y el pago de 70 euros. Si pagabas dinero a los policías podían tramitar los papeles en poco tiempo. Muchos mauritanos lo hacían. Pero lo que más curioso me pareció es encontrarme a muchos europeos que trabajan en ongs, con proyectos que pretenden luchar, entre otras cosas, contra la corrupción, pagando a quién hiciera falta por no esperar las colas. No pasa nada. No es corrupción, es un servicio técnico. Se paga a alguien para que haga un servicio. Estos servicios, que utilizan los europeos a diario en Mauritania para “facilitar procedimientos”, y quienes pueden presentarte una factura con todas las de la ley, son la limpieza de conciencia de los mismos blancos que critican a diario la corrupción mauritana.

Yo esperé durante tres días en la fila de los negros, con senegaleses y guineanos, viendo como cientos de personas pasaban con su contacto local delante de nuestras narices retrasándonos horas a las personas que no pagamos. Me regocijaba saber que mi presencia en la fila de los pobres, les hacía sentir mal a los blancos que llegaban y pasaban por delante de todos nosotros. Un italiano, trabajador de una ONG dedicada a los derechos humanos  y que conozco bien, pasó por delante de nosotros con la cabeza gacha, con cara de culpable y no tuvo agallas de saludarme, se sitió muy mal y se notaba. Lo que más rabia me dio, además de olvidarme un libro de lectura, fue saber que estos tipos no hubieran bajado la cabeza si no hubieran visto un blanco esperando con todos los demás negros. Porque en la cola sólo había negros. Y ya sabemos… en Mauritania, los blancos tenemos privilegios sobre los negros y no pasa nada por hacerlos esperar, un blanco no puede perder tres días de trabajo, el trabajo de un negro vale menos. Y esa diferencia se paga. El privilegio del dinero. Nuestro privilegio. Un privilegio totalmente legal y no su subdesarrollada corrupción.

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África se queda sin profesores de español

El 26 de abril, la Agencia Española de Cooperación (AECID) decidía prescindir de 154 plazas de profesores de español (lectorados) sobre las 211 existentes en el extranjero. En la nota se comunica que es debido a “la falta de crédito suficiente para la concesión de las ayudas publicadas”.

Hasta aquí, se quedaría en una injusta medida de recortes, como tantas otras, especialmente contundente pues afecta a personas que viven fuera y contaban con un compromiso de hasta 3 años en el país. Lo que resulta indignante es que las plazas se hayan mantenido en los países desarrollados y se hayan eliminado las de los países pobres. De las decenas de plazas que había en África, tan sólo se ha mantenido una plaza testimonial en Etiopía, capital de la Unión Africana. Sin embargo, se han mantenido las plazas en países como Estados Unidos o Australia. Un dinero que forma parte de la ayuda oficial al desarrollo está pagando profesores en países que pueden costeárselo mientras que dejan colgadas a cientos de universidades que con pueden permitirse personal preparado para enseñar la lengua de Cervantes. El portavoz de la AECID, ha justificado este hecho diciendo que “Hay sitios en los que no se puede dejar de estar”.

Estos hechos demuestran la concepción de la cooperación al desarrollo que tienen los responsables del Gobierno: imagen e intereses. Además, supone una nueva mentira en relación a sus compromisos en el programa electoral del Partido Popular, en el que se expresa que “la promoción de nuestras lenguas, en especial el español, serán una guía en nuestra acción exterior en un mundo de conocimiento.” Además de ” Favoreceremos la traducción de la cultura española como elemento para su propagación.”

Por tanto, además de mentir con esta drástica reducción, las políticas exteriores del Partido Popular han quedado bien retratadas con esta medida. Es preferible ahorrarle unos duros a Obama para quedar bien, a que los negritos aprendan español. Una vez más, invirtiendo en futuro.

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