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Atentados en Siria a cargo del contribuyente, hacia la guerra civil

Esta mañana nos despertábamos con la noticia de un atentado brutal en Damasco en el que morian al menos 55 personas. La situación en Siria después de más de un año requiere de un análisis profundo que pocas veces se aborda en los medios de comunicación. Durante el inicio de las primaveras árabes, entusiastas de la democracia de todo el mundo, llenaron de tinta la red alabando el poder popular frente al dinero y la fuerza de los gobiernos árabes. Tras la caída del Gobierno de Túnez y los cambios de cara en Egipto, varios países han continuado con conflictos de diversa índole tras más de un año. Entre ellos están Siria y Baréin.

El caso de Baréin. El 4 de febrero, cientos de bareiníes se apostaron frente a la embajada egipcia en Manama, para expresar su solidaridad con las protestas en contra de la dictadura de Hosni Mubarak en la Revolución egipcia de 2011. El estilo de protesta de los manifestantes fue similar al de los egipcios y se centró en la ocupación pacífica de plazas. Según el Wall Street Journal, fue «una de las primeras aglomeraciones que se celebrarían en los estados ricos en petróleo del Golfo Pérsico». Las protestas civiles en Baharein fueron reprimidas con dureza desde el primer momento con decenas de muertos. Los paises aliados, particularmente Arabia Saudita, no sólo apoyaron con armas y dinero al régimen, sino que llegaron a enviar tropas para acallar las protestas. El gobierno de Bahrein es Suní aunque el 70% de la población es Chií. Estos últimos mantendrían lazos con Irán. Bahréin es un de los aliados más importantes de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, y prueba de ello es que alberga a la quinta flota de la Marina estadounidense.

Rebeldes del Ejército Libre de Siria

El caso de Siria. La sociedad civil siria se movilizó en varias ciudades. Sin embargo, las revueltas en Siria estuvieron protagonizadas desde el inicio por grupos armados que asesinaron a miembros de las fuerzas de seguridad. Estos grupos estaban conformados desde el inicio por extranjeros enviados desde otros países (principalmente libia) para desestabilizar al régimen. La “primavera árabe” siria, animada por mercenarios experimentados que entraron en el país, está siendo más bien un otoño gris. Desde hace un año, el denominado Ejército Libre de Siria practica secuestros, tortura y ejecuciones. El gobierno de Siria está controlado por alauís (una rama chií) en un país de mayoría suní.

La respuesta internacional. Los aliados occidentales han apoyado abiertamente a los rebeldes sirios con armas y salarios fijos, sin importarles mucho el empleo de las mismas pero con una condición clara: que caiga el régimen sí o sí. Escudándose en la campaña mediática, (ver más abajo) se han organizado conferencias internacionales con los países aliados para analizar como hacer caer al régimen. Como dijo Hilary Clinton en Turquía el uno de abril en la conferencia de apoyo a los rebeldes sirios encabezada por la OTAN: “El mundo no puede vacilar. Asad tiene que irse”. La maquinaria aliada, encabezada por Israel, Turquía, EEUU y Arabia Saudita, lleva un año en marcha organizando todo tipo de eventos y llamamientos para que millones de euros pasen cada día a las manos de los rebeldes sirios. Al mismo tiempo, se ha criticado a Rusia y China por apoyar al régimen de Al-Assad. Naciones Unidas ha elaborado un plan de paz para Siria para evitar la guerra civil. El plan ha sido apoyado por Rusia y por el gobierno Sirio. Sin embargo, la inversión extranjera en Siria tenía otro objetivo: la toma del poder a costa de todo. Los rebeldes sirios no han visto con buenos ojos el plan de Paz de la ONU y han continuado la lucha armada, desestabilizando cualquier intento de tregua. Los rebeldes atentaron presuntamente contra un convoy de la ONU hace unos días, acusando al régimen de la autoría, como transmitieron todos los medios occidentales. Los únicos que pueden sacar algo del clima de terror en Siria son los rebeldes, que necesitan plantear el conflicto cuanto antes en términos de guerra civil. Los medios occidentales han dado mucha repercusión a los portavoces rebeldes sin entrar en grandes análisis.  Pero ya se sabe desde hace tiempo, a río revuelto, ganancia de pescadores. Y los únicos que tienen algo que pescar son los rebeldes. Mientras tanto, la economía siria empieza a derrumbarse.

Desde los medios de comunicación occidentales, se lleva tiempo hablando del problema sin entrar a profundizar en estos asuntos. La razón es clara. No interesan grandes análisis, interesa que caiga el régimen cueste lo que cueste. En la noticia del atentado en El País de ayer, la periodista “especializada” en política internacional, Ana Carbajosa, resumía todo el conflicto Sirio con el siguiente párrafo.

Más de 9.000 personas han muerto desde que estallaran las primeras protestas surgidas al calor de la primavera árabe en Siria hace ahora 14 meses. Las fuerzas de seguridad del régimen de Bachar el Asad se han empelado a fondo para reprimir unas protestas inéditas en un país gobernado durante cuatro décadas con puño de hierro por la familia Asad. Los grupos opositores, inicialmente pacíficos, se armaron a medida que la represión se agudizaba y que los soldados desertaron de las filas del Ejército. Al enfrentamiento entre fuerzas leales al régimen y grupos rebeldes se le suma un tercer elemento: los atentados como el de hoy en el sur de Damasco.

Esta visión, repetida  por las fuentes interesadas y reproducida hasta la saciedad por los medios, es sesgada y simplista, y allana el camino hacia un segundo Irak, una guerra civil que consiga acabar con un pilar del “eje del mal” a costa de llevarse cientos de miles de vidas por el camino.

Las claves del conflicto.

Países no alineados frente a países alineados. Desde los primeros planes colonialistas en oriente medio, las potencias extranjeras han utilizado la estrategia de la fragmentación para controlar los movimientos políticos en la región. Posteriormente, tras la fragmentación del Imperio Otomano, EEUU y Occidente han promovido y utilizado las divisiones en la zona, y cuando han surgido movimientos nacionalistas o de resistencia, los han aprovechado para acercarse más a sus objetivos geoestratégicos. Tras la caída de la Unión Soviética, la polarización de la zona de oriente medio, de gran interés estratégico por sus recursos energéticos, ha sido el centro de atención de las políticas internacionales y de las principales estrategias de expansión económica. Desde que presidente de los Estados Unidos George W. Bush en su discurso del Estado de la Unión el 29 de enero de 2002 utilizara la frase del eje del mal para describir a los regímenes que supuestamente apoyan el terrorismo, las últimas cartas de la baraja quedaron definidas para la hegemonía total de EEUU en la zona. La hoja de ruta se fue definiendo. La lista estaba clara: Irak, Irán, Corea del Norte, a los cuales posteriormente se agregaron Libia, Siria y Cuba. Luego fueron agregados otros tres estados mas: Bielorrusia, Myanmar y Zimbabwe. Todos estos países han estado en el foco mediático en referencia a los derechos humanos, la falta de democracia y bajo una crítica constante. No ha ocurrido así con países como Arabia Saudita, reconocidos por su violación sistemática de los derechos humanos a niveles de muy pocos países. El objetivo Irak ya ha sido alcanzado. El siguiente es Irán. En el premonitorio análisis de M. Hersh publicado en The New Yorker en 2007 titulado “la redirección“, ya se hablaba de la necesidad de “provocar una reacción espontánea de la “comunidad internacional” para derrocar al gobierno Sirio antes de atacar Irán.

El conflicto Chií y Suní. Los hermanos musulmanes y las facciones más duras dentro de los rebeldes han fingido sentimientos anti-israelíes y anti-occidental en un intento para engrosar sus filas con seguidores radicales para la formación de un frente unido suní contra Irán. En el artículo ya comentado del investigador de renombre Seymour M. Hersh, se explica cómo EE.UU, Arabia Saudita e Israel llevan tiempo trabajando juntos con una agenda clara: acabar con los regímenes de Siria e Irán. EEUU estaría financiando una red en toda la región compuesta por militantes y terroristas, muchos de los cuales, han entrenado en campamentos de Al Qaeda. El artículo también describe con gran detalle el papel de la facción de Hariri en el Líbano, en estrecha colaboración con los saudíes y los estadounidenses, y su papel en la creación de un refugio seguro para las organizaciones terroristas en suelo libanés, que ya participan plenamente en la desestabilización de la vecina Siria.

“Para debilitar a Irán, que es predominantemente chií, la Administración Bush ha decidido,  reconfigurar sus prioridades en el Oriente Medio. En el Líbano, la Administración ha cooperado con el gobierno de Arabia Saudita, (suní) en las operaciones clandestinas que tienen por objeto debilitar a Hezbolá, la organización chiíta respaldada por Irán. EEUU también ha participado en operaciones clandestinas dirigidas contra Irán y su aliado Siria. Una consecuencia de estas actividades ha sido el fortalecimiento de los grupos extremistas sunitas que propugnan una visión militante del Islam y son hostiles a Estados Unidos y simpatizantes de Al Qaeda “. The Redirection, Seymour Hersh

El analista geopolítico Dr. Webster Tarpley, ha declarado que, desde el principio, las revoluciones árabes “podrían ser utilizadas para apoyar a Estados Unidos y Gran Bretaña en su estrategia para Oriente Medio, armando un bloque de países árabes sunies (en particular, Egipto, Arabia Saudita, los Estados del Golfo y Jordania), que formarían un frente con el apoyo de Israel, para enfrentarse al bloque chií iraní, incluyendo Siria, Hezbollah y Hamas (grupo suní que ha tenido buenas relaciones con Irán). La rivalidad entre Sunís y  Chiís, ha sido muchas veces situada como la base del conflicto, olvidando que ha sido potenciada desde fuera con un objetivo claro. Divide y vencerás.

Los hermanos musulmanes. Mientras que muchos analistas han tratado el renacer de los Hermanos Musulmanes en Egipto y su participación en el levantamiento de Siria como un fenómeno un tanto nebuloso, en 2007, la revista New Yorker, ya dejaba claro que la Hermandad es uno de los principales instrumentos utilizados por los saudíes para eliminar la influencia de Siria e Irán. No sólo eso, el informe indica que EE.UU ha estado financiando a esta organización y no es ninguna sorpresa su protagonismo en las revueltas.
Como explica Tony Cartalucci en su análisis sobre esta cuestión, “mientras que en el año 2007, todo eran previsiones, ahora podemos entender la precisión del análisis de M. Hersh. Ha quedado claro, con el crecimiento de los Hermanos Musulmanes y del extremismo suní patrocinado con capital extranjero, que esta política creada durante la época Bush, ha trascendido y está siendo llevada a su conclusión  con la administración Obama” 

Hersh informa que un partidario de la facción libanesa Hariri se reunió en Washington con Dick Cheney y le transmitió personalmente a la importancia de utilizar a los Hermanos Musulmanes en Siria en cualquier movimiento contra el gobierno:

“[Walid] Jumblatt me dijo entonces que se había reunido con el vicepresidente Dick Cheney en Washington el pasado otoño para discutir, entre otras cuestiones, la posibilidad de acabar con Assad. Él y sus colegas aconsejaron a Cheney que, si Estados Unidos no se decide a ir en contra de Siria, los Hermanos Musulmanes tendrían la palabra” dijo Jumblatt. ”

“Hay evidencias de que la estrategia de la Administración ya ha beneficiado a la Hermandad. El frente sirio de Salvación Nacional es una coalición de grupos de la oposición, cuyos miembros principales son una facción liderada por Abdul Halim Khaddam, ex vicepresidente sirio que desertó en 2005, y la Hermandad. Un ex alto oficial de la CIA me dijo: “Los estadounidenses han proporcionado el apoyo político y financiero. Los saudíes están tomando la iniciativa con el apoyo financiero, pero no hay participación de Estados Unidos.”, dijo que Khaddam, quien ahora vive enParís, estaba recibiendo dinero de Arabia Saudita, con el conocimiento de la Casa Blanca. (En 2005, una delegación de miembros del Frente se reunió con funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional, según informes de prensa.)” La redirección, Seymour Hersh 

Conclusiones. Las poblaciones que se levantaron en los países árabes exigiendo derechos básicos, marcarán un hito histórico. A pesar de los expuesto, y de la premeditación interesada en muchos aspectos, las revueltas estuvieron condicionadas por muchos otros factores, principalmente económicos y protagonizadas por ciudadanos de diferente origen y con distintas motivaciones. Las poblaciones de los diferentes países árabes, están sufriendo las consecuencias de la crisis económica y esta situación hace resaltar las carencias democráticas y de derechos. Al igual que el 15-M en España, la movilización popular es un aire fresco en la lucha por los derechos arrebatados por los Gobiernos y el sistema mundial.

Como en tantas otras ocasiones, las revueltas sociales, especialmente en el caso de Siria, están siendo manipuladas con intereses concretos que pueden acabar en una guerra civil con miles de muertos. El activista sirio Mohamed Alloush comentaba en su alegato “Devuélvannos nuestra revolución” : “Nuestra revolución ha sido robada por gente que tiene su propia agenda. Estoy contra el régimen sirio pero también contra los rebeldes armados”.

Los medios occidentales, y los españoles más concretamente, se están quedando en la superficie del problema y están mostrando una visión parcial generando un estado de opinión concreto. Es una posición peligrosa e irresponsable. Tenemos la responsabilidad de comunicar en profundidad y de promover un desenlace pacífico en Siria. Los intereses geoestratégicos, deben quedar al margen y dejar de criminalizar sólo a una parte del conflicto.

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